Si la fotografía ayuda a darle sentido a la vida (para mí al menos es así), es fácil entender que el proceso creativo también ayuda a darle sentido a la obra creada. La manera en cómo se crea algo tiene mucho que ver con el significado que eso mismo tiene para la persona que lo engendra. No es lo mismo encargar un botijo por internet que modelarlo con arcilla tú mismo. La función es similar, el objeto parece idéntico, pero la relación con el mismo cambia. Además, el modo de realizar las cosas tiene mucho que ver con lo que somos y en especial con lo que vivimos. Uno de los problemas a la hora de seleccionar nuestra propia obra es precisamente la mirada sentimental que proyectamos sobre ella. El peso de los sentimientos, la energía utilizada, los apegos a ciertos elementos, la importancia de los lugares, nuestra irresistible afinidad hacia todo aquello que nos agrada, nos produce placer o nos enamora. Cada obra es un ejemplo de ese amor y de esa simpatía. La forma en que las cosas llega...
En abril de 1959, hace ahora algo más de 67 años, la firma Nippon Kogaku K.K. – fundada en 1917– presentó la cámara «Nikon F», su primera réflex monocular para el formato Barnack de 24x36 mm sobre película de 35 mm; una evolución de sus telemétricas de las líneas «S». Nikon F, de 1959. Su sobria belleza es icónica © Valentín Sama Nota: Con motivo del artículo sobre la Nikon SP, y la referencia en el mismo hacia la Nikon F, han sido muchos los que se han interesado por el modelo réflex que «canibalizó» esa serie telemétrica «S» de Nikon. Esta es una importante actualización del artículo publicado al respecto en Albedo Media en el año 2018. Ese fundamento en las citadas cámaras de la serie «S» no es baladí: «inspiradas» en las Contax de Carl Zeiss –con un «toque» de Leica añadido, todo hay que decirlo– las telemétricas Nikon S, al igual que las Contax, empleaban montura de bayoneta, en un momento en el que la mayoría de las cámaras de óptica intercambiable empleaban, bien la montura...