Me he tirado media vida, y algo más, buscando cosas que ya tenía en mi memoria: árboles, reflejos, paisajes, texturas, cielos, rocas, océanos y nubes. He cambiado la herramienta, el enfoque, la idea, el lugar, la justificación y el modo de presentarlo, pero en esencia sigo persiguiendo los mismos elementos que me han hecho el fotógrafo que soy. Sigo buscando una belleza que me emocione. Y entre tanta salida al campo, tantos madrugones, tanta profundidad de campo, tanto color saturado, tanta visita a Parques Nacionales, tanto caminar y tanta película de diferentes formatos, parece normal que se hayan quedado cosas sin terminar, ideas sin fotografiar, libros sin publicar, imágenes sin proyecto y conceptos sin imágenes. No es mi experiencia exclusiva; es lo lógico en cualquier persona que se pase unos cuantos años intentando crear cosas, ya sean fotos, pinturas, canciones o poemas. Se llama irregularidad, dependencia y ánimo. O lo que es lo mismo: las inevitables curvas de la vida. N...
He hablado aquí de libros, regalos e influencias. El proceso creativo se nutre de múltiples cosas que llegan hasta nosotros: conversaciones, textos, fotografías, canciones, pinturas, películas, series… La lista puede ser interminable. Todo lo que queda atrapado en nuestra memoria es material susceptible de servir como semilla, catalizador o abono. O todo junto, claro que sí. También el congelador de tu casa, por supuesto. Especialmente si lo tienes repleto de cajas con película fotográfica. Y es que cada vez que lo abres piensas: ¿qué hago yo con esto? Os suena la pregunta, ¿verdad? Y la intentas responder como puedes a partir de tus referentes y tus obsesiones. Los míos los conocéis: el paisaje, la abstracción, el color, la Naturaleza, los tiempos de exposición prolongados, antiguamente la luz y más antiguamente los espacios espectaculares. Seguro que me olvido algo, pero ahí están muchas de mis semillas, mucho de mi abono. La obsesión por las exposiciones largas volvió a ...