Dicen que la creatividad es imposible sin conciencia. Quizá la IA sea inteligente a su manera, aunque no es consciente a nuestra manera. Es generativa, rápida, funcional, brillante, es hábil hallando soluciones, pero no entiende lo que hace. Es una máquina que solo piensa cuando se le pide y solo actúa cuando un humano le ordena hacerlo; que calcula cuando se le programa para ello y crea cosas porque alguien ha decidido que lo haga. Hacer fotos, hasta ahora, significaba ser conscientes de muchas cosas. La primera es la de tener ese impulso: el de querer crear algo, de realizar una foto o varias, de desear captar un objeto y no el de al lado. Aunque en realidad, hacer fotos, hasta ahora, significaba ser conscientes de una infinidad de aspectos. De pasar calor o frío, del terreno que pisamos, del tiempo transcurrido, de si es de día o de noche, de estar moviéndonos o tener ganas de orinar. Hacer fotos significaba sentir el sudor, el cansancio, el hambre. Ser conscientes de si estás ...
Me he tirado media vida, y algo más, buscando cosas que ya tenía en mi memoria: árboles, reflejos, paisajes, texturas, cielos, rocas, océanos y nubes. He cambiado la herramienta, el enfoque, la idea, el lugar, la justificación y el modo de presentarlo, pero en esencia sigo persiguiendo los mismos elementos que me han hecho el fotógrafo que soy. Sigo buscando una belleza que me emocione. Y entre tanta salida al campo, tantos madrugones, tanta profundidad de campo, tanto color saturado, tanta visita a Parques Nacionales, tanto caminar y tanta película de diferentes formatos, parece normal que se hayan quedado cosas sin terminar, ideas sin fotografiar, libros sin publicar, imágenes sin proyecto y conceptos sin imágenes. No es mi experiencia exclusiva; es lo lógico en cualquier persona que se pase unos cuantos años intentando crear cosas, ya sean fotos, pinturas, canciones o poemas. Se llama irregularidad, dependencia y ánimo. O lo que es lo mismo: las inevitables curvas de la vida. N...