Hay momentos en que nos aferramos a ciertas cosas de una manera desesperada y, por eso mismo, insana, enfermiza. Veinte placas en blanco y negro son pocas, pero puedes pasarte al formato medio o a los carretes de toda la vida y no pasa nada. Ya, eso te crees tú, que no pasa nada. Llevaba años utilizando una cámara de gran formato y mi cabeza había asumido, de forma un tanto estúpida, que estaría el resto de mi vida usando esa cámara y ese formato de película. “Si he llegado hasta aquí, ¿cómo voy a retroceder?”, pensaba entre ingenuo e ignorante. Ahora ya no pienso así, pero en aquellos tiempos todavía conservaba algunos dogmas que el tiempo, por fortuna, ha ido desterrando de mi cabeza. En cuanto vi la última caja de placas en blanco y negro en el congelador me vino a la mente una pregunta: ¿Qué hago con esto? Y durante un tiempo me dediqué a buscar la respuesta. Tenía que servir para armar una serie nueva, aunque veinte era un número un tanto escaso. ¿Sería capaz de realizar vein...
Un espacio de Valentín Sama, sobre Fotografía. Desde 2004