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Pruebas, comparaciones y opiniones II

Tal como comento en mis post anterior, hacer pruebas de equipos, resulta interesante y hasta divertido.
Otra cosa es conseguir crear un buen protocolo de pruebas, dependiendo de el grupo de usuarios a que vaya dirigida la prueba, un protocolo que a ser posible, tenga lógica y no adolezca de “agujeros” y del que puedan conseguirse resultados repetibles.
Algunas pruebas pueden parecer no tener lógica, pero son perfectamente legítimas, y quizá precisamente por ello resultar muy atractivas. Lo malo es si, bien por culpa de un planteamiento no lo suficientemente estricto, bien por no aclarar debidamente las bases de la prueba, bien por una lectura quizá apresurada, se puedan extraer conclusiones cuando menos discutibles.

Todavía recuerdo una prueba que se hizo hace unos 45 años: un crucero de pasajeros muy moderno y un Ford Cortina (*), partieron al mismo tiempo –con despedida en el muelle de partida– de Ciudad del Cabo hacia un puerto de Inglaterra, que no recuerdo.
¿Se imaginan, no ya hace 45 años, sino ahora mismo, el recorrido por toda Africa y Europa, sin túnel de la Mancha, y sin asistencia externa, solo el piloto y el copiloto a bordo de ese Cortina de serie?
¿Absurdo? Para mi, muy bonito. Por cierto: cuando el barco supermoderno llegó a puerto, en el muelle estaba esperándole... ¡el Ford Cortina y su equipo!
La sonrisa de circunstancias del capitán del crucero (que seguro que “le dio zapatilla" a base de bien durante el recorrido), en la foto de llegada, era digna de verse.

Ahora bien, creo que sería erróneo decir que el mejor método para viajar de Ciudad del Cabo a Inglaterra sea en coche.... ¿nos entendemos?

Pues bien: el por méritos propios altamente respetado Michael Reichman, de Luminous Landscape, publica una entretenida prueba de una compacta Canon, la G10 (aprox. 15 megapíxeles) frente a una Hasselblad (You’ve Got to be Kidding! o ¡Tienes que estar hablando en broma!) dotada de un magnífico respaldo digital de formato medio y 39 megapíxeles y a los pocos días, la Web está inundada de reseñas y notas de las que se puede extraer la conclusión de que …”se puede conseguir la misma calidad de imagen (si no superior) con una pequeña compacta digital que con una Hasselblad para formato medio que costaba en el momento de su adquisición aproximadamente 20 veces más”….
Y eso no es cierto en sí mismo. Y si se lee hasta el final, en el apartado “To Be Clear”, el propio MR lo explica con todo detalle.
Y sin embargo, lo malo es que el concepto erróneo de que “una buena compacta da la misma calidad que una cámara de formato medio, ambas digitales, “ahí queda”, como una leyenda urbana más que se magnificada por las propiedades víricas de la Web.

En mi modesta opinión, la razón radica quizá en una lectura apresurada, con la superficialidad a la que no es inmune la web, y por otro lado en el protocolo, o en el planteamiento de las conclusiones, lo que estimo no es el caso, salvo en alguna matiz menor.
.
Entre otros detalles que a primera vista pueda parecer “correcto” es la utilización de objetivos que podrían parecer comparables: el zoom 28-140 mm equivalentes de la Canon G10 frente al imponente zoom 55-110 mm (aprox. equivalente a un 35-70 mm) de la Hasselblad H2. Pero no debemos olvidar la enorme diferencia del tamaño del formato a cubrir, y para ese matiz, recomiendo leer atentamente mi post anterior. Pero más, luego. (1)

Posteriormente, se realizaron copias a 33,02 x 48,26 cm (2), y se sometieron a la evaluación visual de siete expertos (en fotografía profesional e industria fotográfica) y el resultado fue, a decir de MR, que …”al final, en conjunto, el porcentaje de aciertos respecto a que imagen había sido captada con cual de las dos cámaras, era de 50/50…”
En definitiva: no se podía notar la diferencia.
¿Dónde está el fallo, si puede denominarse como tal?

En mi opinión, en el tamaño de las copias, y en base a ello, en el planteamiento, no de la prueba en si, en su parte de toma, sino en la forma elegida para la evaluación por parte de los siete expertos, un numero, por otra parte, quizá relativamente reducido.

La razón no sería otra que el auténtico reinado de una cámara (o respaldo) de formato medio (en este caso digital), arranca precisamente en los formatos grandes de impresión, sean copias digitales, marquesinas o cartelería de mayor tamaño: una copia a 30 x 48 cm es insuficiente para apreciar esas diferencias. Copias a 1,5 x 2 metros hubiesen, como dicen los anglosajones, “separado a los hombres de los chicos”.
La impresión, sea en chorro de tinta o en RA-4, es –como en cierta forma la muerte– una gran igualadora, y ello especialmente en lo que concierne a ruido y resolución de detalles finos.

Por otra parte, solo los que hayan podido o tenido que trabajar sobre archivos digitales obtenidos a partir de una cámara digital de formato medio y los propios de una compacta sabrán bien los recursos que ofrecen los primeros respecto a los segundos, especialmente en lo que se refiere a margen en luces y sombras, y posibilidades de usar la máscara de enfoque en Photoshop.

¿Son “igual de buenas” una G10 y una Hassel digital para hacer copias a 30 x 48 cm?
"Si, por supuesto", de la misma manera que puede ser “igual de bueno” ir en coche que en crucero de Ciudad del Cabo a Inglaterra.
Solo que son herramientas distintas para fines distintos, y los resultados finales, idénticos a simple vista..... son muy distintos.

En suma: si leemos todo absolutamente lo que escribe Michael Reichman en su artículo, hasta el final, parece que también todo está claro, y sin embargo, las conclusiones generalmente extraídas, publicadas y diseminadas, parecen indicar lo contrario, y eso es lo peligroso: a la hora de publicar online, va a ser cuestión de ir pensando en “colocar” al principio –en lugar de al final– los planteamientos y caveats.

(1) Por las mismas razones que expongo en mi post anterior, el diseño óptico del zoom para el formato medio puede haber sufrido más concesiones que el destinado a cubrir el minúsculo captor de la G10.
(2) En una impresora de chorro de tinta, sobre papel inkjet baritado
(*) Un coche de serie, de tracción solo a las ruedas traseras, de carácter más bien burgués, te potencia inferior a los 90 caballos en la versión utilizada. Nada que ver con el Ford Cortina Lotus, de competición.





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