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Fotos fallidas, y dudas ante el espejo

Ver fotos, siempre me hace reflexionar. Pero el problema es que –en una gran parte de mi tiempo– ver fotos forma parte de mi profesión. Ver las fotos de los demás. Por lo general de personas que se inician. E incluso tratar de ofrecer una opinión honesta acerca de las mismas. Que por un lado no ofrezca falsas expectativas a los creadores de esas fotos, y por otro, que no les quite las ganas de seguir haciéndolas.
Lo reconozco: son pocas de las fotos que veo últimamente que me lleguen a emocionar.

Lo que peor llevo es el “ersatz”, la multitud de fotógrafos y fotógrafas que imitan lo que se ha hecho hace años y “funciona”. Asomarse a lo que ofrecen las galerías en algunos de los “eventos” artísticos oficiales me hace –en ocasiones– mirarme al espejo para ver si soy yo mismo, si tengo algún extraño tic o una pupila anormalmente dilatada o contraída...
Algo parecido me ocurre cuando leo los “premios” concedidos por diversas Instituciones o, sobre todo, la argumentación de las razones que han llevado al jurado a conceder tal o cual...
¿Hacer fotos de niños en la miseria y volverte para casa de verdad que es “protegerles”, luchar por sus derechos?

La diferencia es que, en esos casos, en lugar de mirarme al espejo, suelo asomarme a la ventana de esta calle de Madrid, para comprobar si la misma no ha sido invadidas por zombies...
Pero... llegado el caso, ¿sería capaz de percibir la diferencia entre ellos y yo mismo?

Pero en realidad, hoy, quería hablar de algo así como de la foto fallida como icono fotográfico, o del valor coleccionable del fracaso comercial.
No preocuparos, será rápido, pero no estoy seguro de que resulte indoloro.



Automóvil Delage
Gran Premio del ACF, 26 de junio de 1912
Fotografía de J H Lartigue © Ministère de la Culture – France / AAJHL


Veo, una vez más, la foto del coche de carreras captado (¿?) por Lartigue, quizá una de sus fotografías más famosas, y una de las más icónicas de la historia de la fotografía probablemente por la sensación de velocidad que parece ser transmite esa rueda deformada...

Y la realidad es se trata de una foto fallida:
• Al amigo Lartigue se le escapó el coche del encuadre
• La rueda sale deformada porque el obturador planofocal de su cámara era lento, un desastre
Y sin embargo....

Otro aspecto que me llama la atención de Lartigue es que, teniendo unos recursos económicos más que holgados a su alcance, nunca llegase a corregir del todo la filtración de luz que sufría su cámara panorámica. Esa filtración aparece en numerosas de sus fotografías y de nuevo, en una de ellas, en una situación de competición automovilística, pasa a tomar protagonismo:

• No solo es que entre la luz en la cámara y por tanto en la placa, es que ha entrado polvo, y el polvo, fuertemente destacado por la luz rasante de la filtración de luz, se incorpora a la propia imagen.



Grand Prix de Antibes, Mayo de 1929
Fotografía de J H Lartigue © Ministère de la Culture – France / AAJHL




Bibi, sombra y reflejo
Hendaya, agosto de 1927
Fotografía de J H Lartigue © Ministère de la Culture – France / AAJHL


En la fotografía de la sombrilla, ¿se tolera la filtración por la misma razón, o es que no había forma de repetir la toma?
Dos accidentes... ¿bien aprovechados?
¿Cómo es posible que Lartigue no arreglase/cambiase esa cámara tan problemática?
Del viñeteado en ese mismo lado, mejor no hablamos.
Misterio.

Quizá en parte, por estos hechos de fotos más que imperfectas radicalmente fallidas técnicamente, cuando me las enseña alguno de mis fieles alumnos/as, trato de mirarlas bajo otro ángulo y en ocasiones les digo: “amplíala a 1,5 x 2 m, móntala en metacrilato o algún otro montaje arriesgado similar, y para ARCO. Eso si, fírmala con algún nombre extranjero, alemán, por ejemplo”.
Se dan cuenta de que hablo en broma, con un poco de dolor.
Pero toman nota.

Ver nota acerca de la reciente exposición en Madrid


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