Somos lo que comemos, o eso dicen al menos. Aunque también dicen que somos lo que vemos, probamos y oímos. Y también que dime con quién andas y te diré quién eres. Parece ser que estamos hechos de mucho de lo que llega hasta nuestros sentidos y de mucho de quienes nos acompañan. Podría decirse que cada uno de esos estímulos y cada una de esas personas dejan una impronta, grande o pequeña, en nuestra forma de ser. Y, por eso mismo, en nuestra forma de mirar. Nadamos en una charca llena de personas donde vivimos una infinidad de experiencias que marcan nuestro devenir en la vida. Una charca repleta de estímulos, ideas, sensaciones y creencias. También, por supuesto, repleta de límites, callejones sin salida y carreteras interminables. Una charca de amor y de envidias, de prejuicios y bondades. Mientras nadamos y crecemos en ella nuestros poros son atravesados continuamente por multitud de sustancias de formas muy variadas. © Fernando Puche Cualquier proceso creativo no puede entende...
Un espacio de Valentín Sama, sobre Fotografía. Desde 2004