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Leica CL: prueba de campo (y III)

En este artículo final sobre la Leica CL, volcaré ya mis experiencias de manejo de la misma, junto con sus dos objetivos «dedicados» Summicron-C 40 mm f/2 y M-Rokkor 90 mm f/4. Recomiendo leer, quizá previamente, los dos artículos anteriores –cuyos enlaces os pongo más abajo– puesto que resultan clave para entender el carácter de la cámara y sus objetivos, un concepto distinto dentro de la historia de la firma: una cámara telemétrica de montura Leica M que... no pertenece a la serie de cuerpos Leica-M

© Valentín Sama


Cargando película

El manual de instrucciones es bastante claro: ...«compruebe la batería para el exposímetro antes de cargar la película»...
El motivo no es otro que... ¡la pila va en el interior del compartimiento para la película, en un alveolo ubicado justo debajo de la rueda dentada para el avance de la misma! Si se agota la pila, podremos seguir utilizando la cámara –su obturador es de control mecánico– pero no podremos gozar de los servicios del exposímetro TTL, uno de sus atractivos. (1)

Un lugar atípico para la pila... © Valentín Sama

Para la comprobación, pulsaremos el botón específico en el frontal de la cámara, y –si la pila tiene suficiente carga– la aguja del galvanómetro saltará alegremente hasta la marca cuadrada del centro de la escala de ajuste. (2)

© Valentín Sama

La carga de la película de 35 mm se realiza en la CL de forma distinta –y más sencilla, en mi opinión– que en las Leica-M. El dorso se separa por completo, y veremos que –en aras de la compacidad– se ha optado por una solución muy ingeniosa para la placa de presión, que es abatible...

La original placa de presión abatible. A la derecha, abajo, otra vista de la pila en su peculiar alojamiento © Valentín Sama

Sin juntas de goma que se puedan degradar... muy seguro, fácil de manejar y eficiente © Valentín Sama


© Valentín Sama
La parte inferior muestra –de derecha a izquierda– el mando con palanca para el rebobinado, la palanca abatible para la liberación del dorso, el pulsador del embrague para el rebobinado y el clásico recordatorio de la época, referente a la clase de película cargada.

Algo que recomiendo para el uso de esta cámara es tener mucho cuidado en no utilizar roscas de trípode que pudieran ser –aun ligeramente– más largas de lo estándar: podríamos perforar la base y con ello comprometer la estanqueidad a la luz de la cámara... ¡el fondo de rosca es muy justo! (3)

En esta época en la que el precio de la película se ha disparado, el pequeño tamaño de la Leica CL nos permite alguna maniobra: al iniciar el rollo, si hemos tenido cuidado al cargarla, quizá podamos aprovechar uno más de los fotogramas iniciales, y casi seguro que al final del rollo uno o dos más... ¡nada que despreciar! (4)

© Valentín Sama

Este es, quizá, el mando más diferenciador de la Leica CL. Ubicado en la parte frontal superior, permite ajustar sensibilidad de la película y tiempos de obturación del obturador planofocal. Las sensibilidades seleccionables van de 25 a 1.600 «ASA» (ISO) y los tiempos de obturación de 1/1.000 s a 1/2 s y «B» con la curiosa opción de tiempos de obturación intermedios. La sincronización para flash electrónico es a 1/60 s.
El mando está acoplado con el exposímetro, y girándolo, en combinación con el ajuste de abertura de diafragma, podremos llevar la aguja del galvanómetro a su muesca de «ajuste correcto» . Tanto esa aguja como el tiempo de obturación seleccionado se muestran en el visor (abajo), pero no el valor de abertura de diafragma, ya que no hay comunicación electrónica o mecánica entre cuerpos y objetivos Leica-M (5)

© Leica

Medición y exposición

El sistema de medición de la CL, y ello derivado del mecanismo empleado, es fuertemente puntual. De hecho, mide el 7% del campo central de la imagen. A través del objetivo (TTL), a diafragma de trabajo y –naturalmente– en mod de luz reflejada. ¿Ven Uds., en la imagen, esa «mancha» del telémetro? Pues bien: con la óptica de 90 mm de focal la medición se realiza sobre una zona central circular de diámetro igual al ancho de esa «mancha» y con la de 40 mm, sobre un círculo del doble de diámetro...

La fotorresistencia CdS en su posición de medición © Valentín Sama

Dicho de otra forma: este sistema, que hubiese hecho las delicias de Ansel Adams, exige –según mi experiencia– un alto grado de conocimiento y habilidad por parte del fotógrafo si no quiere errar la exposición, sobre todo con películas de corta latitud de exposición, como pueden ser las de diapositivas en color. No sólo hay que saber en qué punto de la escena «colocar» el de la medición, sino –también– saber interpretar el valor de brillo de ese punto o zona de medición. Así, por ejemplo, colocar la medición sobre una pared encalada o sobre nieve prístina, nos produciría una subexposición cercana a dos puntos.

Del manual de la Leica CL... ¡«no dirás que no te avisé»! © Leica

Para los más expertos, el desafío puede representar un atractivo, pero la pregunta sería... ¿era la CL una cámara para expertos? Como Leica, sí, como «compacta más asequible» quizá no tanto.
No obstante, en el manual de instrucciones se extienden al efecto bastante sobre cómo «colocar» en la escena a medir el área de medición.
Hay otro punto más: el exposímetro se activa separando ligeramente la palanca de avance la película del cuerpo de la cámara, lo que está bien para evitar un drenaje inútil de la pila. Pero esa separación no tiene un «clic» claro, y resulta fácil interferir con ella al manipular la rueda de ajustes de tiempos de obturación... desconectando el exposímetro. Incómodo.


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Encuadre y disparo

En el primer artículo sobre la Leica CL, me extiendo bastante sobre el visor, pero baste recordar que ofrece siempre marcos de encuadre estáticos para las focales de 40 y 50 mm, y marco automático para 90 mm al acoplar un objetivo «C» o «M»  de esa focal en la montura. El visor, y el telémetro son brillantes y claros y ofrecen corrección automática de paralaje. Como se puede ver en la imagen de más arriba, se suman las indicaciones del tiempo de obturación seleccionado, y la del exposímetro. Es en este último aspecto en el único punto que he encontrado pegas: en determinadas condiciones de iluminación de la escena, resulta casi imposible localizar la posición de la aguja del galvanómetro.

No es la única manera de sostener la pequeña CL para el disparo (una vez enfocada), pero resulta bastante estable. En mi caso, tengo que usar el ojo derecho por razones optométricas © Ana Carretero

En lo que respecta al disparo del obturador planofocal, resulta bastante silencioso, aunque no tanto como el de una Leica-M «pura». Se entiende que, por un lado, el mecanismo que hace que el brazo que presenta a la luz la célula CdS se aparte automáticamente fracciones de segundo antes del inicio del movimiento del obturador, debe adolecer de su propia rumorosidad, y por otro, que el cuerpo de menor tamaño de la CL tendrá menor capacidad de atenuación del sonido que el de una Leica-M «hecha y derecha»...

Arrastre y rebobinado

El avance del fotograma es mediante un sólo golpe de palanca. En mi unidad no goza de la precisión y ajuste de una Leica-M, pero la opinión no es a tener en cuenta al 100%, ya que la adquirí de segunda mano; habría que haberla conocido de nueva. (6) En cuanto al rebobinado, la única particularidad es que, al estar la palanca situada en la base, la giraremos en sentido antihorario, un poco contra la costumbre más extendida. Quizá por eso la señal de la flecha es bien clara...

Fotografiando con los objetivos dedicados

Tanto el Summicron-C 40 mm f/2 como el Elmar-C 90 mm f/4, o su homólogo M-Rokkor 90 mm f/4 comparten la conocida montura de bayoneta Leica M, una maravilla por su precisión, corto recorrido y firmeza. Ya he comentado acerca de dimensiones y características de estas ópticas, así que no robaré espacio aquí para ello, pero sí que puedo comentar  que –cómo en el caso de todas las ópticas Leica telemétricas– es una delicia su suavidad de enfoque (7), riqueza de grabados (¡nada de serigrafiados!) y aros de diafragma con encaje por «clics» también para medios puntos.
Aunque en los años de su producción –casi hace medio siglo– no se publicitaba tanto como ahora acerca del «bokeh», los diafragmas son de diez palas y conforman aberturas razonablemente redondeadas.

M-Rokkor 90 mm f/4

La cierta limitación que supone el aconsejado tope de una focal de 90 mm, hace que –en alguna ocasión– nos tengamos «que mojar un poco» para acceder al encuadre deseado. Pero ello no es exclusivo de la CL, sino de las telemétricas en general, por lo pequeño del cuadro correspondiente del visor. © Ana Carretero

El «Gladiator», con su agridulce historia. M-Rokkor 90 mm f/4. Kodak Ektar 100 © Valentín Sama



M-Rokkor 90 mm f/4  f/11-8 La luz arrancaba las texturas a una hora muy concreta, durante tan sólo unos 10 minutos. Hubo de acudir varios días para alcanzar el resultado deseado. La focal del 90 mm permite conseguir una perspectiva muy limpia, con un mínimo de «líneas en fuga». Kodak Portra160 © Valentín Sama

La película Kodak Portra 160 está aquí «en su elemento». M-Rokkor 90 mm f/4 a f/11 (reencuadre). © Valentín Sama

«More fucking tourists»... M-Rokkor 90 mm f/4 a f/5,6-4 Kodak Portra 160 © Valentín Sama

M-Rokkor 90 mm f/4 a su plena apertura: el bokeh es más que aceptable para un objetivo calculado  hace más de medio siglo. Kodak Portra 160 © Valentín Sama

Referencia abandonada para milla náutica. M-Rokkor 90 mm f/4 a 11. Kodak Portra 160 © Valentín Sama

M-Rokkor 90 mm f/4 a f/5.6 Las aberraciones cromáticas son mínimas. Kodak Portra 160 © Valentín Sama


Summicron-C 40 mm f/2


Una de las virtudes de este objetivo es esa focal algo más angular que la del estándar de 50 mm, que aún permite crear composiciones con cierta perspectiva dinámica. Summicron-C 40 mm f/2 a f/11-16, enfocado a la «mini-duna» del primer plano. Kodak Portra 160 © Valentín Sama

Summicron-C 40 mm f/2 a f/11. La distancia mínima de enfoque de 80 cm –no especialmente favorable– viene impuesta por las reducidas dimensiones de la óptica, que suponen limitaciones en el tamaño de la helicoidal de enfoque.  No obstante, todavía ofrece opciones aceptables. Kodak Portra 160 © Valentín Sama

Summicron-C 40 mm f/2  a f/2.8. Uno de los –escasos– puntos flacos «reconocidos» de esta óptica es tu tendencia al «flare» en situaciones potencialmente desfavorables. Se trata de algo que tendremos que tener presente y de hecho, para esta toma busqué una situación de iluminación provocadora. Kodak Portra 160 © Valentín Sama

Summicron-C 40 mm f/2. Kodak Ektar 100. No hay rastro de flare –por irradiación– a pesar del alto brillo del sujeto central; el flare, si aparece, lo hace en situaciones de contraluz. © Valentín Sama

Summicron C-40 mm f/2 a f/11-8. Un clásico de otoño sobre Kodak Ektar 100 © Valentín Sama

La plasticidad que brinda el Summicron-C 40 mm f/2 –aquí a f/5,6– es muy grata. Sobre Kodak Ektar 100 © Valentín Sama

Un chequeo de luz incidente con el exposímetro de mano, confirma las buenas mediciones del sistema TTL puntual incorporado en la Leica CL. © Rafael Roa 


Fotografiando con otros objetivos

Al ser la montura de bayoneta Leica-M... ¿podemos utilizar sobre la Leica CL todos los objetivos disponibles en esa montura? Ya hemos visto, en los dos artículos  anteriores (ver enlaces arriba) que existen una serie de objetivos –retráctiles, «con gafas» y otros– que no son compatibles, al tiempo que otros, de grandes aperturas máximas, pueden no ser recomendables por la menos generosa base del telémetro. Personalmente he encontrado algún caso más: examinemos cuidadosamente la siguiente fotografía...

© Valentín Sama

Se trata de un 7Artisans 75 mm f/1.25 y no sería aconsejable su uso, pero no necesariamente en base a su combinación de focal y alta luminosidad, ya que la leva telemétrica acopla correctamente... ¿lo descubrieron Uds. ya?

© Valentín Sama

Fijémonos en el punto marcado con un destello... ¡El gran diámetro del objetivo ocluye parcialmente la ventanilla pequeña del telémetro! Cosa que no ocurriría en un cuerpo De Leica-M.
De hecho, hay imagen telemétrica, pero el contraste es tan bajo que la hace casi inservible.

Ya os hablaba en el artículo anterior,  del inefable (8) MSO Super-Perar 21 mm f/4,5, de producción artesanal y con acoplamiento telemétrico, con su propia leva...

© Valentín Sama

... pero también he probado sobre la CL otra bestezuela exótica de mi establo de ópticas: el Voigtländer Super Wide-Heliar 15 mm f/4,5 Aspherical, y ello con adaptador de rosca LTM 39 a bayoneta. Esta óptica angular rectilínea, carece de leva de acoplamiento telemétrico, quizá debido –en parte– a su enorme profundidad de campo: de 20 cm a infinito a f/16, por ejemplo, y de 50 cm a infinito a f/8. Dispone de marcas de enfoque para 30, 40, 50, y 70 cm, así como para 1 m, 2 m e infinito, con marcas de profundidad de campo para f/4.5, f/8, f/11, y f/16. (9)

En este caso, al igual que el anterior, el visor auxiliar dedicado resulta imprescindible, al tiempo que –con este Voigtländer– el enfoque es por estimación © Valentín Sama

Voigtländer Super Wide-Heliar 15 mm f/4,5 Aspherical a f/8 sobre Kodak Ektar 100 © Valentín Sama

Voigtländer Super Wide-Heliar 15 mm f/4,5 Aspherical. Sobre Kodak Ektar 100. Atención a los pequeños detalles... © Valentín Sama

Filtros

Ignoro qué causaría la decisión, pero para los Summicron-C 40 mm f/2 y Elmar-C 90 mm f/4 –quizá la económica– se optó por un sistema de filtros «Series 5.5» (Ø 39,5 mm) ahora ya obsoleto. Los filtros, de montura muy simplificada, carecen de rosca en sí y se fijan en posición por medio de un aro único roscado aparte, y en el caso del Summicron-C, puede hacerse por medio del parasol.

© Valentín Sama
Los objetivos «M-Rokkor», intercambiables con los Leica-C, utilizan filtros de Ø 40,5 mm, en rosca normalizada JIS y –aunque pueden usarse–  no deben roscarse a fondo sobre los objetivos Leica-C ya que el paso de rosca es distinto.

Resultados y conclusiones

La experiencia de uso de la Leica CL me ha parecido muy grata,  salvo un par de aspectos menores que luego citaré. Está claro que los soberbios resultados que se obtienen vienen del hecho de poder utilizar las incomparables ópticas Leica, las dedicadas y algunas –no todas son aconsejables– de la serie M, gracias a la montura compatible. La disponibilidad de un exposímetro TTL –aun muy carismático– es un plus que se deja notar. Si acaso, el sistema para la correa de transporte, impuesto por las reducidas dimensiones, es lo que menos me convence a la hora de usar la cámara; quizá una buena correa de muñeca fuese una solución parcial.

Una CL no pueda verse como una rival de una M6 (nueva o usada), pero tiene carácter propio y no es desdeñable en absoluto para viajar ligero de equipaje en amplio sentido del término.
A la hora de adquirir una CL deberíamos tener en cuenta que estamos hablando de equipos de hace 50 años, y debemos examinar los puntos comunes a cualquier cámara (golpes, defectos en las lentes, etc.), y –en este caso– algunos concretos:
  • ¿Funciona el exposímetro; la aguja se mueve sin saltos?
  • El visor, ¿es limpio y claro?
  • La «mancha» del telémetro ¿es contrastada y discrimina bien? 
  • Con un objetivo conocido, ¿el enfoque a infinito es correcto?
  • El arrastre, ¿funciona bien? (10)
  • Las piezas para la inserción/fijación de la película, ¿están en orden?
Un punto más: encontrar un Summicron-C separado del cuerpo de una CL es como encontrar la famosa «rana con pelo». Traten de adquirir una CL con dicho objetivo. Caso contrario, una alternativa viable son los Voigtlänter de 40 mm, más bonitos si cabe que el propio Summicron-C, pero menos compactos.
¡Suerte en la búsqueda!

Como conclusión adicional, puedo comentar que me decantaría por la película Portra 160 por encima de la Ektar 100 del mismo fabricante: escanea de forma más dulce, sus verdes son menos «eléctricos» y para estas aplicaciones, no veo la supuesta superioridad de gran fino y mayor nitidez de la Ektar por parte alguna. Antes bien, su mayor contraste es un inconveniente. A ello se suma un precio –por lo general– algo más alto....  


(1) Las Rollei 35 son otro ejemplo de esa particular disposición para la pila, que evita tener que añadir una tapa externa, al tiempo que ahorra espacio, menos práctico en aras de mayor compacidad del cuerpo.
(2) Recordemos que el tipo de pila original –de 1,35 v y mercurio– ya no se fabrica, y bien tendremos que utilizar pilas de sustitución «zinc-aire», bien convertir en taller la cámara para pilas de 1,5 v, preferentemente con regulación por diodo Zener.
(3) He medido 5,61 mm frente a 6,6 mm de una Leica M Typ 246
(4) Sin olvidar que –quizá– por un lado, ese último fotograma que «robamos» puede resultar dañado por la pinza del bastidor de revelado en un laboratorio industrial, y por otro lado que podemos correr el riesgo de arrancar el extremo de la película de su fijación en el chasis de 35 mm.
(5) Los cuerpos Leica digitales pueden leer cierto nivel de información de objetivos modernos codificados a 6 bit, pero de la abertura de diafragma sólo una estimación, en base a un sistema muy peculiar que tiene en cuenta ajuste ISO, tiempo de obturación e intensidad de iluminación.
(6) Se agradecería retroalimentación de otros usuarios.
(7) Nuestro Summicron-C 40 mm f/2 se beneficiaría de un servicio de cambio de lubricante, por ir un poco duro, pero me resisto a «abrirlo».
(8) Ampliad la imagen, y observad en qué posición va el diafragma...
(9) Sobre los cuerpos Leica digitales con sensor CMOS –y otras «despejadas»– se puede enfocar con mayor precisión vía Live-View.
(10) Esto, sin exponer un rollo de película, resulta difícil de comprobar, sobre todo en el sentido de que los fotogramas se espacien perfectamente.
 

Comentarios

elrectanguloenlamano ha dicho que…
Muchas gracias de corazón, Valentín Sama, por este maravilloso artículo sobre la Leica CL que es con diferencia el más completo, profundo y exhaustivo realizado hasta la fecha en el mundo, con el beneficio añadido del análisis muy minucioso y de primerísimo nivel del rendimiento de dos objetivos extraordinarios desde un punto de vista óptico y mecánico : el Summicron-C 40 mm f/2 y el M-Rokkor 90 mm f/4 (y otro muy bueno, el Voigtländer Super Wide-Heliar 15 mm f/4.5 Aspherical), que queda plenamente demostrado con las bellas fotografías hechas con Kodak Ektar 100 y Kodak Portra 160.

Y por supuesto, como siempre, con unas soberbias fotografías de producto magistralmente iluminadas, que realzan de inefable modo la belleza atemporal de cámaras analógicas de culto como la Leica CL, de la que la gran Sherry Krauter (una de las mayores expertas en puesta a punto y reparación de cámaras Leica analógicas junto con Don Goldberg) compró a principios de los años ochenta muchas piezas a Leica para intentar garantizar un adecuado suministro a los usuarios de esta cámara que sólo estuvo tres años en producción, entre 1973 y 1976.

Esas fotografías de la Leica CL y sus objetivos, así como zonas concretas de la cámara y las texturas de los materiales que plasmas, son majestuosas y un deleite visual.

Así pues, mi más sincera enhorabuena por este sensacional artículo dividido en tres partes, hecho con gran cariño, esmero, tremendo conocimiento y un enorme nivel de esfuerzo, que confirma que sigues siendo con diferencia el referente de España en análisis de cámaras y objetivos fotográficos, tanto analógicos como digitales.

De hecho, éste es uno más de los muchos artículos de referencia mundial que has escrito desde mediados de los años ochenta, primero en Foto Profesional, después en FV hasta 2007, y ya en plena era digital primero en DSLR Magazine y después en Albedo Media.

Porque eso es lo que siempre fuiste y sigues siendo : un auténtico referente internacional en tu ámbito, cosa que tiene un tremendo mérito, ya que siempre trabajaste con menos medios que los grandes especialistas de Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, etc.

Un auténtico lujo tus artículos para los miles y miles de fotógrafos y entusiastas de la fotografía que te hemos leído y admirado desde hace muchas décadas, además de que has sido gran profesor y catalizador de muchas vocaciones fotográficas, con una gran capacidad didáctica.

Se puede aprender muchísimo leyendo tus artículos, muy amenos, en los que te entregas al máximo y que destilan además una increíble pasión por la fotografía.

Mucho ánimo, Maestro, y por favor, si no te parece mal y mientras el cuerpo aguante, sigue deleitándonos con fantásticos artículos como éste.

Y si en algún momento decides dejarlo por el motivo que fuere, tengo la plena convicción de que serán decenas de miles las personas (probablemente muchas más si se incluyen los países latinoamericanos en que también has sido muy leído durante décadas) que albergarán en su corazón un espacio de gratitud sincera para tí durante el resto de sus vidas por todo lo que has hecho por la enseñanza de la fotografía en España en general y por tus ya legendarios artículos sobre cámaras y objetivos fotográficos.

Muchas gracias, Valentín, por los maravillosos recuerdos y tu amor por la fotografía.

Chapeau !


José Manuel Serrano Esparza




Valentín Sama ha dicho que…
Gracias por sus muy amables palabras, José Manuel

Me ayudan a seguir «en la brecha»...
A ver cual es el próximo proyecto con el que me meto...

Saludos cordiales

Valentín Sama
JCS ha dicho que…
Sr Sama,
Excelente colofón para esta serie sobre la CL con ópticas dedicadas y otras compatibles con montura M, sería excesivo o barroco tal vez -aunque merecidos- agregar elogios a los que ha emitido el señor Serrano Esparza.

En 1973 no creo que hubiera otra cámara compacta con ese nivel de calidad constructiva y óptica. Con los ojos de hoy -medio siglo después- podemos encontrarle "defectos" y limitaciones, pero en su momento era un cámara "High end".
Según mi experiencia los resultados que pueden ofrecer cámaras compactas con buenas ópticas en condiciones normales -sin necesidad de focales extremas o super luminosas- pueden rivalizar con los de cámaras grandes y mucho mas caras, se puede intuir en sus fotos.

La M5 a pesar de ser innovadora no fue un éxito comercial y la CL parece una expiación de Leitz por haber creado una cámara con un diseño de carácter industrial alejado de la dinastía M, esto por supuesto es una apreciación personal pero muchos productos tienen tal personalidad e historia detrás que los cambios radicales son vistos como una herejía por el público.
Tener que apoyarse en Minolta para desarrollar nuevos productos supongo que habrá sido un poco humillante para los ingenieros de Wetzlar, en aquellos tiempos todavía en Europa y USA se seguían considerando a los productos japoneses en general como inferiores aunque no fuera cierto.
Es una pena que Minolta ya solo forme parte de la historia por no haber sobrevivido a la transición digital, usé SLR analógicas de esta casa japonesa y siempre estuvieron a la altura, fue pionera en la incorporación del autofoco y es la madrastra de la familia R de Leica ( R3... R7), también autora de algunas ópticas para réflex firmadas por Leica.

Muchas gracias.
Un saludo.
JCS
YO ha dicho que…
Buenas tardes Valentín y seguidores.

Preciosos artículos sobre la Leica CL, hago mías las palabras del Sr. Serrano.

Desearte unas Felices Fiestas y que nos regales los próximos artículos con este nível.

Luis

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