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Leica M5: de dudoso éxito comercial a futura «cámara de culto»

La Leica M5 tiende a ser considerada como una «anomalía» dentro de la conocida serie telemétrica de la firma. Un modelo prima facie dudosamente deseable. Y ello, sobre todo, por sus proporciones y estética, y no necesariamente por ese orden.

© Valentín Sama

A ello se sumaría una mecánica considerada compleja. Su escaso éxito comercial le abocó a ser un modelo producido sólo durante cuatro años –de 1971 a 1975– y ello en cantidades relativamente pequeñas: aproximadamente 23.150 unidades en acabado negro y 10.750 en acabado cromado.

¿Cuales fueron las razones que llevaron a la firma a producir este aparato tan tecnológicamente avanzado? ¡Nada menos que la primera cámara telemétrica con medición integrada a través del objetivo o TTL (Through The Lens)!

Veamos: desde 1967, Leica tenía en producción la M4, la más avanzada hasta ese momento de sus telemétricas, una suerte de compendio de las M3 y la M2, sustituyendo a ambas con ventaja;
sin embargo, en marzo de 1963 ya se había comercializado la Topcon RE Super, la primera réflex monocular (SLR) con medición TTL integrada; un hito extremadamente importante. (1)

Pero además, pronto la RE Super no estaría sóla: le acompañaron en los años inmediatamente siguientes, un buen número de  SLRs de producción japonesa con medición TTL, y además –desde 1968– la firma germana mostraba ya orgullosa en su catálogo la soberbia SLR Leicaflex SL, dotada de medición TTL de tipo puntual.

Primera cámara con medición TTL integrada © Valentín Sama

Los responsables de la firma pensaron que –para bastantes posibles usuarios de su serie telemétrica M– esa carencia de sistema de medición TTL les colocaba en clara desventaja, y por ende –tras un intenso y trabajoso desarrollo– en 1971 se comercializó la M5.

Con objeto de  poder acomodar el sistema de medición TTL, así como los mandos de ajuste de sensibilidad de la película sin olvidar los sistemas de visualización de ajustes de la exposición en el visor... por muchas vueltas que le dieron, a los ingenieros no les «quedó otra» que hacer que el cuerpo de esta Leica M5 fuese un poco más grande y pesado que los modelos Leica M coetáneos; los M3, MP, y M2. Pero estaban firmemente convencidos de que valía la pena.

La M5 fue poco  exitosa, y se mantuvo en el mercado en los ya comentados tan sólo 4 años, en los que se produjeron aproximadamente 33900 unidades. Una cantidad bastante moderada. (2)

¿Quizá no se le perdonó que para poder ofrecer –por primera vez en una telemétrica– medición TTL hubo de hacerse su cuerpo algo más grande y pesado que el de una Leica M al uso en la época?
¿Quizá el tiempo empleado en ajustar la exposición mirando por el visor, manejando rueda de tiempos de obturación y aro de aberturas de diafragma «chocaba» con la idea de «cámara rápida de reportaje» que se asociaba subliminalmente con el concepto «LeicaM»?

Las escoceduras duraron lo suyo, y así, hasta 9 años después de su cese en producción, no se presentó ningún otro modelo con TTL: la Leica M6.

Una Leica M4-P frente a una M5... © Valentín Sama

Pero... ¿es la M5 ciertamente tan grande y pesada?
Vamos a verlo en un cuadro comparativo, donde muestro las dimensiones con la mayor aproximación posible.

ModeloAncho mmAlto mmFondo mmPeso en gramos
Leica M5149,582,336,6 675
Leica M6138,6 (-10,9)78 (-4,3)40 (+3,4)575 (-100)
Leica M4-P138,2 (-11,3)77 (-5,3)35,22 (-1,38)545 (-130)
Leica M3138 (-11,5)77 (-5,3)34,4 (-2,2)580 (-95)

Si comparamos la M5 con la M6 –también con medición TTL– y hace ahora casi cuatro años puesta en producción de nuevo ligeramente actualizada, (3) vemos que la primera es poco más de un centímetro más ancha, menos de medio centímetro más alta, y dos milímetros y medio más gruesa; en suma: unos 18 mm3 más. Eso sí: 100 gramos más pesada.

Leica M4-P y Leica M5: la –no tan grande– diferencia de tamaño, en mi opinión, vale la pena por las prestaciones añadidas. Pero cada una tiene su encanto...  No es menos cierto que –en comparación– la M5 casi nos recuerda a una Hasselblad X-Pan. © Valentín Sama

Y sin embargo, personalmente, le encuentro a la M5 un cierto y para mí indudable atractivo «maquinista», con un ligero toque «steampunk». Especialmente en la versión en acabado de «black chrome» y sin punto rojo alguno, estéticamente la veo como una precursora de las Monochrom.
Por eso, y por muchas otras cosas, os quiero hablar de ella.

Leica M5, construcción: mecánica y... electricidad

Si lo analizamos en profundidad, podremos apreciar que los diseñadores de Leica «echaron el resto», y no es de extrañar su devastación ante el escaso éxito comercial de su creación. ¡De hecho, se llegó al cierre completo de la producción de la serie Leica M en Alemania!
Sólo la intervención de Leica en Midland (Canadá) permitió reactivar esa línea con la introducción de la M4-P (4) de 1974, recurriendo a métodos de producción más racionalizados, o si se prefiere... más económicos.

Puntos relevantes de la calidad constructiva de la M5 serían:
  • Robusto y sobredimensionado cuerpo, fresado a partir de un bloque de aleación.
  • Alojamientos para cojinetes, en bronce.
  • Paneles superior e inferior fresados a partir de bronce.
  • Transporte de la película mediante tambores con rodamientos a bolas.
  • Ajuste muy preciso del espaciado entre fotogramas.
  • Célula CdS de medición puntual (sprox.12% del fotograma), montada sobre un brazo retráctil de una precisión de ± 0,05 mm.
  • Movimiento del galvanómetro montado sobre zafiros («jewells», en relojería).
  • Movimiento del marcador (aguja), dotado de una resistencia de amortiguación, para un movimiento más armónico.
  • Tornillería en acero inoxidable.
  • Telémetro mejorado (respecto a modelos anteriores), resultando en menores reflejos internos, así como un ajuste más fácil caso de ser necesario.
  • Principios y funcionamiento enteramente analógicos, incluyendo el sistema de medición y representación de los ajustes.
  • Primera Leica, y primera cámara a nivel mundial, en aplicar el tratamiento exterior de «black chrome», posterior y ampliamente extendido.
  • Último modelo de Leica M ensamblado de principio a fin –unidad por unidad– por una sóla persona, al estilo de los motores deportivos AMG de Affalterbach. (5)
  • Bajo demanda, la M5 se podía adquirir «winterizada», para operar a temperaturas de hasta – 30ºC, lo que venía facilitado por el hecho de necesitar –ya en configuración básica– un mínimo de lubricación.
Quedaría un aspecto que genera cierta polémica: los anclajes para la correa. La leica M5, desde sus primeras series monta los dos anclajes para la correa en el  costado izquierdo de la cámara, de tal forma que –colgada– la M5 queda en posición vertical. La leica CL heredaría esa disposición.
Al parecer, se hicieron pruebas con distintos objetivos acoplados y se determinó que esa distribución era la ideal para que la cámara no cabecease molestamente durante el transporte, colgada.

A muchos, no les convencía demasiado esta disposición y así, en series posteriores la Leica M5 se servía con tres anclajes, incluyendo los dos laterales. Al parecer, también se podía solicitar una modificación en fábrica, a posteriori, a efectos de añadir la segunda horizontal.

¿Mi opinión?: en mi caso particular, sólo decir que siento deseos de estrangular –con la propia correa– a los diseñadores, cada vez que me he de llevar la M5 al ojo. Sí, claro: mi unidad es de las de anclajes laterales. Quizá deba probar una correa más larga...

La fotoresistencia de Sulfuro de Cadmio o CdS: en su momento, un invento genial para la tecnología fotográfica. © Valentín Sama

En el corazón de la M5: el sistema de medición

En el año 1971 no se habían desarrollado a fondo los fotodiodos de silicio (6), pero a pesar de ello, las células CdS resultaban un considerable avance frente a las de selenio y su uso tecnológico era ya muy popular. Si, en una cámara réflex, salvando las soluciones de Topcon con su RE y Miranda con su Sensomat RE, de incorporar la célula en el espejo, resultaba muy sencillo ubicar las células en el alojamiento para el pentaprisma «mirando» a la pantalla de enfoque... ¿dónde ubicar una célula de medición una cámara telemétrica como una Leica M a efecto de ofrecer medición TTL, a través del objetivo?

Pues... en Leitz, pusieron a trabajar en ello a Heinrich Broschke (Jefe de Desarrollo),  a fin de crear un sistema de medición que tenía que ser de tipo selectivo, similar al de la Leicaflex SL, y de ahí la tarea pasó a Dietrich Brückner que concibió el sistema de célula. De la acción mecánica del brazo oscilante portador de ella, se encargaron Peter Loseries y Peter Novak, que lo patentaron.
Quedaba ver cómo transmitir al visor las indicaciones de la célula, y de ello se encargaron el antes citado Heinrich Broschke y Gerhardt Kleeman. Una variante de este sistema se incorporó en la Leica CL. (7) 
Se dice, que la arquitectura general para acomodar todos esos dispositivos en un nuevo cuerpo Leica M viene de Willi Stein, creador de la M3, y que el diseño del frontal exterior sería obra de Paul-Hubert Deschamps.

Una vista frontal «a modo de radiografía», de la M5. Unos instantes antes del disparo –ya con una presión sobre el disparador– el brazo con la célula se abate hacia el fondo; de ahí ese medio centímetro más de altura que necesita la M5 respecto a otros modelos fílmicos de la serie M de Leica. Obsérvese la conexión mecánica entre el disparador y el brazo oscilante portador de la célula. © Leica

 
En la Leica CL, el brazo articulado con la célula de medición se escamotea hacia arriba, en lugar de hacia abajo, como es el caso de la M5, pero el principio de funcionamiento es muy similar. © Leica

Ni que decir tiene que el sofisticado sistema de brazo articulado resulta crítico respecto a intrusiones, y así, se ha dispuesto que quede oculto mientras no haya un objetivo montado que cubra la abertura de la montura.
No obstante, mediante un truco muy conocido (8), puedo mostraros ese brazo y su célula, a fin de poder comentar algún aspecto menos conocido. Veamos.

Insertar un adaptador de rosca a bayoneta, es el truco para hacer entrar la célula en posición y poder examinarla visualmente y fotografiarla. ¡No Tocar! © Valentín Sama

Debido a que física y mecánicamente resulta imposible que la célula se ubique en el mismísimo plano focal, las imágenes proyectadas sobre ella por los objetivos serían borrosas...
Pero lo que deseaba Heinrich Broschke era una medición puntual, de contornos nítidos... ¡y por eso se dotó a la célula de una espiral limitadora de rayos periféricos, que junto con la lente lente condensadora/correctora genera una seudo-Fresnel!

En la imagen de detalle, arriba, puede verse, al fondo la fotoresistencia, y por encima de ella y por debajo de la lente, la espiral que actúa como limitadora de rayos de luz laterales, actuando el conjunto como una seudo lente Fresnel. © Valentín Sama

Más adelante, en el apartado de manejo e impresiones, me extiendo sobre la parte más práctica –de «manos en la masa»– del sistema de medición, más allá de esta parte mecánica.
El obturador, mecánico, de cortinillas textiles de recorrido horizontal, ofrece tiempos de obturación de 1/1.000 de segundo a 1/2 segundo. El sistema de medición –al que, en efecto, falta el ajuste para 1 segundo– acopla con tiempos para 2s, 4s, 8s, 15s y 30 segundos, pero deben controlarse a mano desde la posición «B».

Leica M5, objetivos no compatibles y restricciones

El propio sistema de medición, tal como se comenta más arriba, por medio de una fotoresistencia CdS montada en un brazo oscilante, por delante del plano focal, impone ciertas cautelas y restricciones en lo que respecta a los objetivos utilizables, y ello por razones evidentes: los componentes posteriores de esas ópticas podrían colisionar con, y dañar, el brazo de soporte de la célula. Pero no hay que temer demasiado; las ópticas incompatibles no son tantas y para algunas, existen soluciones sencillas.

Un ejemplo: entre esas ópticas, las retráctiles están prácticamente proscritas, pero siempre podemos usar un collarín si queremos gozar de sus atractivas propiedades de imagen. El collarín –en este caso, cortado a partir de un bote de película 135– impide que retraigamos el objetivo por error, y es muy fácil de insertar y retirar (merced a un corte longitudinal no visible en esta imagen). También se puede hacer en negro... ;-) © Valentín Sama

Entre los objetivos que no deben usarse bajo ningún concepto figuran, por ejemplo, los Leica Elmarit 28 mm f/2.8 (1965-1972 en la primera versión), Leica Super.Angulon 21 mm f/4 (1958-1963) y Leica Super-Angulon 21 mmf/3.4 (1963-1980). El Leica Elmarit-M 21 mm f/2.8, el primer 21 mm retrofoco de la firma para Leica M probablemente se pueda usar, así como el de Elmarit 28 mm retrofoco (por encima del Nº 2314920).

Evidentemente, otros objetivos en bayoneta Leica M, pero de otras marcas, deben examinarse con extrema cautela, con objeto de comprobar  cuánta es la protuberancia por la parte posterior. Siempre mejor consultar que arriesgar.

Otra «limitación» podría venir dada por el visor de la M5, que muestra marcos de encuadre para las focales de 35 mm, 50 mm, 90 mm y 135 mm, y no para 28 mm, opción que sí incluye la M4-P, pero para otras focales, quedan los visores externos accesorios.

Leica M5: alimentación

Parece claro que una importantísima parte del atractivo de la M5 radica en su refinado sistema de medición.
En se sentido, hay que recordar que –al igual que la mayoría de las cámaras de la época– el sistema de medición de la exposición de la M5 está calculado para la combinación de la célula de fotoresistencia CdS y la pila PX625 (o referencia equivalente), basada en el uso del mercurio.

© mercurybattery.org

¿Cuál usar? © Valentín Sama

Esas pilas, prácticamente fuera de producción en la mayoría de los países por normativas legales (9), se caracterizan por ofrecer un voltaje de 1,35 voltios, frente a los ubicuos 1,5 voltios de muchas pilas actuales. Pero ese detalle no es el más importante...
El de mayor relevancia es que la «curva» de descarga en el caso de la pila de mercurio original, no era tal curva, sino prácticamente plana: el voltaje de 1,35 v se mantenía constante hasta la extinción de la carga de la pila.
Para la M5, a falta de la pila PX625 original, recomiendo un adaptador MR-9. Puesto que el tema es un poco extenso, lo elaboro en un post aparte.

El adaptador MR-9 con diodo Zener, en este caso de «KANTO Camera», nos permite usar pilas de tipo SR-44 (Varta V76 PX) y mantener el voltaje constante a 1,35 voltios, reduciéndolo de los 1,5 v de la pila actual. Las dimensiones del conjunto son casi las mismas que una PX625  o una PX625A actual, pero no exactamente las mismas... © Valentín Sama

Leica M5: en la mano

Para los acostumbrados a sostener en la mano una Leica de las serie M, no creo que les resulte extraño hacerlo con una M5. Si acaso, desde mi punto de vista personal, lo que transmite es la sensación de ser más «delgada» y ello debido a que es... más ancha. De hecho, esa mayor anchura hace que la cámara, aún sin «grip» alguno, se sujete de forma más firme y segura que otros cuerpos de Leica M. Los diseñadores aplicaron una elegante argucia: la parte superior de la M5 es ligeramente cónica, y ello hace que parezca más pequeña y la hace más armónica.
En cuanto al peso, acostumbrado a los 612 gramos de una Monochrom Typ 10760 (10) o los 715 gramos de una Monochrom Typ 246, los 675 de la M5 no se me salen mucho de escala. No menos cierto, que si –acto seguido– pasamos a una M4-P, el alivio es instantáneo.

© Valentín Sama

El visor es claro y limpio, pero incluye «amenidades» más allá de la «mancha» del telémetro y los marcos de encuadre (35. 50, 90 y 135 mm).
En mi unidad, al menos, el telémetro discrimina con precisión admirable, incluyendo distancias muy próximas –pero no iguales– a «infinito», lo cual me parece notable.
Quizá en una primera mirada no lo descubramos, pero... ¡ahí abajo, a la izquierda, vemos el tiempo de obturación seleccionado! Nada de diodos ni otras artimañas electrónicas y digitañes: una auténtica proyección óptica; todo, en la M5, es analógico.

© Valentín Sama

Y por debajo de la zona de los marcos de encuadre, también podemos encontrar una banda luminosa, horizontal, con un pequeño cursor colocado en diagonal, y pronto veremos la la razón para sa inclinación; el movimiento de ese cursor –limpio y nítido– es controlado por el giro del dial de selección de tiempos de obturación. La iluminación para esa franja, viene a través de una fina y elegante ventana ubicada en la parte frontal superior externa del visor. (arriba)

Vista del dial desde la parte inferior. © Valentín Sama

A efectos de facilitar el ajuste de ese parámetro mientras escudriñamos por el visor, el dial de selección de tiempos de obturación –de perfil moleteado– sobresale por delante de la caja de la cámara. (arriba)
A ello se suma que el dial es concéntrico al disparador. y al eje de la palanca de avance de la película... mejor imposible.

© Valentín Sama

No es menos cierto que –al igual que con otras Leica M– el visor no es precisamente «amigable» para los usuarios de gafas, con  las que cuesta «atinar» con objeto de poder ver a un tiempo marco de encuadre completo (sobre todo el de 35 mm) e indicaciones del exposímetro.

Armar el obturador y avanzar la película ubica la célula de medición en posición y activa el sistema eléctrico. Ahora, aparecerá –en esa misma franja iluminada– la aguja del galvanómetro, y podremos influir en su desplazamiento actuando sobre el diafragma del objetivo. Cuando se cruza el indicador de la aguja con el indicador que se gobierna mediante la selección de tiempos de obturación... ¡tenemos la exposición ajustada! La anteriormente citada inclinación de este indicador, facilita la percepción del punto de cruce exacto.

Para los veteranos, cuando observamos ese sistema de coincidencia de aguja y marcador, se nos viene pronto a la mente el sistema de los exposímetros de mano de la época y la firma Gossen, y no sería de extrañar que fuese esa misma empresa la que hubiese colaborado con Leica para el desarrollo del sistema.

Los preciosos exposímetros Gossen Sixtomat de los años 50 del siglo pasado... © Valentín Sama


¿Les suena el sistema de coincidencia de aguja y cursor de la M5? Detalle de la toma de más arriba. © Valentín Sama

Por cierto: por cuestiones de la fuerza de la gravedad y el sistema físico empleado, las mediciones deben realizarse con la cámara en posición horizontal.
Ya que estamos en ello: recomiendo realizar el ajuste de tal forma que la intersección de cursor y aguja, sea absolutamente perfecta, ya que no hacerlo así implica un error del entorno de hasta medio punto de diafragma...
A no olvidar: el sistema de medición se desconecta tan pronto pulsamos ligeramente el disparador, lo que contradice el modo de acción más acostumbrado en muchas otras cámaras.

¿Ves esa muesca, hacia el extremo derecho inferior de la franja luminosa?. Pues bien, si desplazas hacia fuera la palanca selectora de encuadres, la aguja del galvanómetro –del exposímetro– se desplazará hacia la derecha y si «señala» en esa muesca, nos indica que la pila está en condiciones.
En la posición de medición, ¿no ves movimiento de aguja galvanométrica alguna? Pst, pst... ¡no has quitado la tapa del objetivo!

No deja de resultar curioso que, aunque se trata en teoría de una cámara profesional o para usuarios avanzados, sobre el dorso disponemos de un calculador giratorio para otras combinaciones de tiempos/abertura.

© Valentín Sama

A todo esto: sabemos que la medición es puntual, y por tanto, bastante crítica la colocación de ese punto de medición, pero... ¿cómo saber hacerlo?

La medición y los marcos de encuadre

En este terreno, los diseñadores de la Leica M5 se estrujaron bastante las meninges, a fin de encontrar  una solución relativamente sencilla.

Imagen real, a través del visor de la M5, con un objetivo de 50 mm de focal acoplado. Ver, en el listado de más abajo, el campo de medición indicado y abarcado. Abajo a la izquierda vemos que tenemos la cámara ajustada a 1/125s. Ahora, nos faltaría actuar, bien sobre el ajuste de tiempo de obturación,  bien sobre el diafragma, para hacer intersecarse los dos índices de la barra inferior luminosa. A la derecha, abajo, vemos la muesca que sirve de referencia para la comprobación del estado de la pila. © Valentín Sama 

Imagen real, a través del visor de la M5, con un objetivo de 35 mm de focal acoplado. Las esquinas del pequeño marco central, correspondiente a la focal de 135 mm, es –en este caso– el campo de medición indicado y abarcado. Abajo a la izquierda vemos que tenemos la cámara ajustada a 1/60s. La aguja del exposímetro no aparece por no estar éste activado. © Valentín Sama

Como ya hemos comentado antes, la M5 nos ofrece marcos de encuadre para las focales de 35, 50, 90 y 135 mm.

Pues bien:
  • Para un objetivo de 35 mm de focal, el campo de medición viene reflejado por el marco correspondiente a la focal de 135 mm, que se muestra simultáneamente.
  • Para un objetivo de 50 mm de focal, el campo de medición viene indicado por lo que sería un círculo conformado por las cuatro esquinas curvas que aparecen en torno a la «mancha» del telémetro al montar dicho objetivo. (Ver imagen de arriba)
  • Para un objetivo de 90 mm de focal, el campo de medición viene reflejado por lo que sería un círculo completo conformado por la «mancha» del telémetro, que –no en vano– en esta M5 tiene extremos redondeados.
  • Para objetivos Elmarit 28 mm f/2.8 (¡sólo autorizadas, unidades con numeración superior a 2 314 920!), se muestra el marco de encuadre correspondiente a la focal de 90 mm, y ésa, justamente, es el área de medición. Lógicamente, en este último caso, para encuadrar usaremos un visor accesorio externo.
Ingenioso, ¿no es eso?

© Valentín Sama

© Valentín Sama

A todo esto... ¿habíamos seleccionado el valor de la sensibilidad de la película? No resulta fácil olvidarse, ya que el selector ocupa una posición preeminente en la parte superior de la cámara. 
Nos ofrece ajustes para un rango de 6–3.200/9–36 ASA/DIN, lo que es fantástico pues nos permite usar desde películas «técnicas» hasta las falsas 3.200, de Kodak en Ilford.

Leica Elmarit-M 90 mm f/2.8 a f/5.6. Kodak ColorPlus 200. © Valentín Sama

Para esta toma, entre el ya selectivo ángulo de toma y la no menos selectiva medición puntual de la M5, lo teníamos muy fácil: colocar el punto sobre la pared gris y... ¡presto!

Voigtländer APO-Lanthar 50 mm f/2 a f/11-8. Kodak ColorPlus 200. © Valentín Sama

Tras medir sobre los sacos en tono «blanco roto», apliqué las normas, exponiendo un punto y un tercio más de lo indicado. El resultado se ajusta perfectamente a la previsualización de la escena.

Voigtländer APO-Lanthar 50 mm f/2 a f/8-85.6. Kodak ColorPlus 200. © Valentín Sama

De nuevo, una juiciosa colocación de la zona de medición puntual, evitando las zonas en blanco, nos dió una exposición perfecta, a la primera.

Voigtländer Color-Skopar 35 mm f/2.5 a f/16. Ajustado a hiperfocal. Filtro polarizador. Medí sobre la valla gris con el grafíti, y «cerré» dos tercios de punto sobre la medición. Kodak ColorPlus 200 © Valentín Sama

Voigtländer APO-Lanthar 50 mm f/2 a f/5.6-4. Kodak ColorPlus 200. © Valentín Sama

Aquí, conociendo el sistema, lo teníamos relativamente fácil: medición sobre las tochanas grises, abarcando un poco más aquellas en luz que en sombra.

La soledad del árbol en la crecida... Voigtländer Color-Skopar 35 mm f/2.5 a f/11. Kodak ColorPlus 200. Medición directa sobre el agua. © Valentín Sama

Leica M5, medición TTL y el uso de filtros

La ventaja de un sistema TTL o de medición a través del objetivo, radica en que –en principio– el propio sistema tiene en cuenta la absorción de luz provocada por el filtro. La Leica M5 no difiere mucho de otras cámaras en el hecho de que determinados filtros –rojo, naranja y azul oscuros– pueden requerir por nuestra parte una corrección adicional, por lo general dando entre uno y dos puntos más de la exposición indicada.
El caso de los polarizadores es particular, ya que en una telemétrica no podemos comprobar el efecto por el visor... (***)
Lo habitual es realizar una observación visual, girando el filtro ante nuestros ojos, y acto seguido, tras roscar el filtro en posición sobre el objetivo, colocar el punto de referencia (todos esos filtros llevan alguno) en la misma posición/dirección.

Voigtländer Color-Skopar 35 mm f/2.5. Filtro polarizador. © Valentín Sama

Pero ofrezco un truco personal/particular: tras proceder de la manera anterior, girar el filtro ligeramente, en un sentido y otro, hasta conseguir la lectura más baja de la aguja del exposímetro. ¡Muy probablemente estaremos en el punto de máxima atenuación de brillos u oscurecimiento de un cielo azul!

Leica M5: disparo, armado y avance

Finalmente, el disparo de la M5 es de una suavidad altísima, acompañada de una rumorosidad extremadamente baja. El movimiento para el armado del obturador y el avance del fotograma, respira también precisión. Todo ello, estimo que es sana consecuencia de extremada calidad constructiva de la Leica M5, tal como se ha pormenorizado al inicio del artículo.
En lo que respecta a la carga de la película... ¡qué vamos a decir! Una vez que hemos fallado en unos cuantos rollos, y que descubrimos que colocar la punta de la película exactamente tal como indica el gráfico en la base de la cámara ayuda a realizarla con seguridad; «la cosa» no es tan terrible. Pero, como suele decirse: «hay que hacer cursillo».

© Valentín Sama

Como diferencia con otras Leica M, la manivela para rebobinado de la película va –por cuestión de espacio– en la base de la cámara.

Leica M5: conclusiones

Tras pasar un tiempo con esta unidad de Leica M5, ha cambiado por completo mi percepción de este modelo «maldito», hasta hacerlo uno de mis favoritos dentro de la serie  Leica M.
Por lo que sé, la calidad de su construcción no habría sido superada hasta la fecha dentro de la serie M, al menos en lo que a los modelos fílmicos se refiere.
Y ello se deja notar en el tacto y su funcionamiento, desde el disparo hasta el armado del obturador y el avance de la película.

A ello se suma que la experiencia de uso es enteramente... analógica. El sistema de exposímetro por aguja galvanométrica es mucho más gráfico, claro y nítido en su función, que el de las flechas y diodos rojos de las Leica M6 y otras: aquí vemos «cómo, cuánto de lejos» está esa aguja del punto de cruce con el índice, y actuamos en consecuencia en rapidez y amplitud de recorrido de mandos de ajuste.
Afinar el último punto de ajuste fino hasta la intersección perfecta con el índice del tiempo de obturación es una grata experiencia entre táctil y visual, y otro tanto puede decirse del dial de tiempos de obturación, cuyo valor de ajuste, recordemos, vemos a través del visor; sin separar nuestro ojo del ocular.

Y ya que estamos con los ajustes finos: si deseamos trabajar con un valor de abertura de diafragma concreto (por ejemplo, para hiperfocal), pues resulta que el obturador –mecánico– nos ofrece todos los tiempos intermedios más allá de los marcados que encajan por «clics». (**)

Es cierto que la medición puntual requiere conocimientos por parte de los fotógrafos acerca de cómo previsualizar la gama de luminancias de una escena a fin de entender dónde colocar el área de medición de la M5, pero ahí radica, en parte, la diferencia entre simples usuarios y fotógrafos. Y la Leica M5 es una de esas cámaras que puede hacernos... mejores fotógrafos.

Pienso, y me consta que no soy el único, que con el tiempo la Leica M5 se sumará al selecto listado de las raras cámaras de culto.
© Valentín Sama

Curiosidad histórica en torno a unas unidades muy especiales de M5

Existe una curiosidad histórica que afecta a las numeraciones. Leica ha tendido a reservar numeraciones significativas para unidades de cámaras a regalar a destacadas personalidades. Así, en el año 1936 obsequió con dos cámaras Leica a Leopold Mannes (1.899-1.964) y Leopold Godowsky Jr. (1.900-1.983) inventores y desarrolladores del Kodachrome, introducido en 1935. (*)
Los números de serie de esas cámaras fueron los 175.000 y 150.000 respectivamente. Pero en algún momento –por razones evidentes entiendo que bastante más tarde– le robaron a Godowsky su unidad, y así en 1973 desde Leica se la repusieron... ¡pero ya con la flamante Leica M5 Nº 1359999!

Nota: película Kodachrome no de época. © Valentín Sama

¿Comprar una Leica M5?

Las Leica M5 se pueden encontrar, en este momento, por un precio del entorno de los 1.500€ a 2.000€, según estado. Como con toda cámara clásica, pero aún más en el caso de la M5 con su muy especial sistema de medición por brazo oscilante, recomendaría adquirirla «en mano», en un establecimiento que nos la ofreciese revisada y con un periodo válido de garantía.
Lógicamente, los ejemplares con el grabado conmemorativo «50 Jahre» tienen un precio superior, por ser más para coleccionistas que para usuarios.


La sucesora con TTL: Leica M6

Ya con los fotodiodos asentados como componente útil para la medición, en Leitz, para la Leica M6 de 1984, se «inspiraron» en el sistema introducido en primicia por la OM-2 de 1975: la lectura de la luz rebotada por una parte de las cortinillas del obturador por medio de un fotodiodo (dos en la OM-2) ubicado en la parte baja de la cámara oscura y mirando hacia ellas.

La pauta reflectante de la cortinilla de una Olympus OM-2 genera una lectura promedio con preponderancia central. Marcados con asteriscos rojos aparece los fotodiodos de lectura de esa pauta, ubicados en la parte baja de la cámara oscura. © Valentín Sama

La pauta reflectante sobre las cortinillas y el ángulo de la lente de toma ubicada frente al fotodiodo/s, determina la selectividad de la lectura. Por medio de este sistema, se evita la compleja y costosa mecánica del brazo oscilante de las Leica M5 y CL.

Un bello corte de una M6, en el que se aprecia el punto blanco reflectante serigrafiado sobre la primera cortinilla del obturador. Un fotodiodo ubicado en la parte baja de la cámara oscura mide la luz reflejada por ese punto. © Leica

La M6, utiliza, como indicadores en el visor, para el ajuste de la exposición, diodos luminosos de color rojo, que –a mi juicio– no resultan especialmente atractivos en ninguno de los múltiples modelos –fílmicos y digitales– en los que Leica los emplean.
Las M6 «pre-owned» han sido, y siguen siendo muy cotizadas, y quizá por ello Leica decidió reintroducir en 2022 una versión actualizada, con el mismo nombre. (11).


Por razones técnicas los eventuales comentarios no deben exceder en extensión las 500/600 palabras. Todos los comentarios están sujetos a moderación.

(2) De ellas, 1.750 con el bonito grabado «50 Jahre» (50 años) enmarcado en hojas de roble, para celebrar el jubileo de los 50 años de la firma y repartidas entre versiones negra y cromada (las menos). Otros modelos con ese mismo grabado conmemorativo fueron la Leica M4, la Leica CL y la Leicaflex SL 2.

La primera M5 obedeció al Nº 1.287.001 y la última al Nº 1.384.000. Las primeras 50 unidades, hasta el Nº 1.287.050 fueron para pruebas «beta».
(4) Ver: Leica M4-P
(5) Ver: Motores AMG
(6) En el año1970, la Fujica  ST701 fue la primera cámara en incorporar un fotodiodo de silicio para la medición, y en el año 1972, Olympus, con su OM-2, los utilizó para –por primera vez–  medir y ajustar la exposición en tiempo real.
(7) Ver: Leica CL
(8) Montar, por ejemplo, un adaptador de rosca Leica (LTM) a bayoneta Leica M, activa el brazo con su célula. ¡Precaución!
(9) No se tienen en cuenta, por el contrario, las importantes cantidades de mercurio que se aplican en otros procesos industriales.
(11) Con un precio aproximado de 5.850 €
(*) Probablemente del modelo IIIa.
(**) Excepto el situado justo por debajo del que marca el límite de sincronización para flash electrónico.
(***) Leica ofrece una suerte de artefacto que permite comprobar la acción del polarizador sobre el visor, y luego se abate sobre el objetivo...

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