Ir al contenido principal

Bob Dylan y el Futuro. Un relato de Fernando Puche

La inteligencia artificial lo barrió todo. Pasó como un tsunami sobre la técnica, los formatos y la creatividad. A su paso dejó una enorme llanura de colores brillantes, composiciones magistrales y deseos cumplidos. Un campo repleto de máquinas rapidísimas trabajando a las órdenes de personas ávidas por generar la mejor de las imágenes. Decían que todo era posible. También decían que no había vuelta atrás.

Muchos comercios cerraron. Las exposiciones se convirtieron en muestrarios de obras oníricas de una perfección insultante. Obras expuestas para ojos imperfectos. Atrapar la apariencia visual del mundo dejó de tener importancia. Lo importante era saber dar la orden precisa para que la máquina escupiese el sueño hecho imagen.

Los drones que inundaban el cielo empezaron a descubrir pequeñas figuras vagando por el paisaje mientras intentaban desentrañar algún misterio. Para las máquinas, sin embargo, no existían misterios. Para ellas no había nada imposible. Esas figuras que se movían por el territorio eran personas que buscaban algo que las máquinas no podían ofrecerles. Pasaban frío y calor, hambre y cansancio, incertidumbre y desesperación. La gente se reía de ellas porque sufrir ya no tenía sentido. ¿Serían masoquistas?

© Ignacio Itarte

Los drones comenzaron a vigilar con más ahínco mientras seguían sus pasos dondequiera que fuesen. Se recelaba de su comportamiento. ¿Sabrían algo que los demás desconocían? Iban desaliñados, a veces con harapos y apenas se aseaban. Finalmente, alguien dio la orden y se detuvo a uno de ellos. Le leyeron sus derechos, dijeron que podía llamar a un abogado, que todo lo que dijese podía ser utilizado en su contra. Entonces, ya esposado, le metieron en un coche. Terminó en una sala para interrogatorios. Su rostro lucía una mirada perdida, la boca sin emitir frase alguna, parecía tener la cabeza en un lugar muy alejado de este. Le preguntaron a fondo relevándose en turnos de mañana, tarde y noche. Solo con agua, sin comida. Si no hablas, morirás de hambre, le amenazaron.  

Solo fue posible sacarle tres palabras: «solo quiero sentir...». Parecía que iba a añadir algo, pero su voz se apagó igual que se apagan los juguetes sin pilas. Tuvieron que dejarle salir y permitirle vagar a sus anchas con o sin harapos. No comprendieron sus razones; imagino que porque no las expresó y porque tampoco entendieron sus palabras.   

Las máquinas siguieron trabajando a las órdenes de personas que buscaban una perfección tan cambiante como los vientos costeros. Quienes se movían desaliñados por el paisaje continuaron persiguiendo lo que las máquinas no podían darles. Sin embargo, todos, programadores y fugitivos, apocalípticos e integrados, pensaban lo mismo: «Los tiempos están cambiando.» Y lo hacían demasiado rápido. Ante semejante vértigo, unos se refugiaban en el pasado y otros en el futuro. Los primeros recelaban de lo que venía; los segundos, de lo que ya había sucedido. Alguien comentó la existencia de una antigua canción que hablaba de algo parecido, pero nadie pudo recordarla. Las máquinas, sorprendentemente, tampoco.

Hacha neolítica de pedernal © Frank Basford, Wikimedia ShareAlike License

El conflicto, parece ser, comenzó cuando el ser humano fabricó su primera herramienta. Miles de años atrás.

En esta serie: 

(1) Fernando Puche lleva casi cuarenta años haciendo fotos y casi veinticinco escribiendo sobre fotografía. Una cosa llevó a la otra y ambas a publicar libros. Seguramente son excusas para tener la cabeza ocupada, intentar ser mejor fotógrafo y escribir cosas que puedan interesar a los demás. Excusas para seguir experimentando la fotografía.

Comentarios

Goyo ha dicho que…
Magnífico relato.

Me ha recordado al mundo profundamente vacío de Farenheit 451.
Y el nuestro no está muy lejos de ninguno de los dos.

Gracias, como siempre, un placer leer el blog.

Un saludo.

Entradas populares de este blog

¿De qué hablamos cuando hablamos de «grano fino»?: Algo Revelador

En este artículo abordo, de forma simplificada, el revelado de las películas fotográficas negativas en blanco y negro; no en lo que se refiere al proceso en sí –a su rutina– sino tratando de buscar, de entender, las razones por las que, a partir de una misma referencia de película –marca y tipo– se pueden conseguir muy diferentes resultados estéticos, sobre todo en lo que se refiere a la granularidad, o grano aparente, visible...    Tanques y espirales en acero inoxidable. Raros de encontrar, menos amigables para cargar, pero los mejores desde todos los puntos de vista de dinámica de fluidos, térmicos (baño en cubeta), mínimo gasto de volumen de productos de procesado, limpieza... mis preferidos © Valentín Sama Todo un mundo bastante «atmosférico» que justificaría de sobra el revelado personalizado por parte del fotógrafo. Algo que es único y consustancial a la película fotográfica en blanco y negro. Advertencia: este artículo está cargado de mi opinión personal en base a mi e...

Leica M4-P: razones y amores

A inicios de mayo de 2016, escribía yo: ... «la reciente introducción de la Leica M-D Typ 262, la primera Leica digital de gran serie en la que la simplicidad de operación llega al extremo de haber eliminado pantalla posterior, menús y otros ajustes que no sean tiempo de obturación, abertura de diafragma, valores ISO y compensación de exposición –incluso solo graba en RAW / DNG– ha creado una atención inusitada, acompañada de comentarios de todo tipo. Me ha parecido un buen momento para hablar de la que hace tiempo es mi Leica preferida de entre las analógicas o «para película»: una M4-P. Y sí, es cierto: también en eso me salgo del «pensamiento único», porque cualquiera preferiría otro modelo, como por ejemplo una M6» . Una Leica M4-P dotada de un Voigtländer Nokton 35 mm f/1,4 Classic, en montura nativa Leica M. © Valentín Sama Nota: este es uno de los artículos anteriormente publicado en Albedo Media, y que por razones técnicas ya no está disponible en ese medio. Se recupera ahora –...

70 años fotografiando; 70 años de la Leica M3

Con motivo de la celebración de vigésimo aniversario de este blog «Acerca de la Fotografía» , repasé algunos de los productos más relevantes –especialmente cámaras– que fueron introducidos en ese año 2004, el de inicio de este medio. Así, recordé a las Nikon F6 , Zeiss Ikon ZM , Olympus E-300 y Epson RD-1 . Todas ellas están fuera de producción hoy día y tuvieron éxito muy dispar; las dos últimas tuvieron corta vida, la Nikon F6 –una fílmica, para mi, «sin alma»– se ha mantenido en producción hasta muy poco por pura y loable cabezonería de la firma, y la Zeiss Ikon ZM, nunca dejó de ser una «wanabee» , y no consiguió competir de «tú a tú» con Leica tal como era la intención de sus creadores; y sin embargo hoy por hoy, en «pre-owned»  esa cámara japonesa fabricada por Cosina alcanza precios dignos de los de las cámaras de Wetzlar. © Valentín Sama Azuzado un poco por la nostalgia –debo reconocerlo– rebobiné aceleradamente hasta el entorno del año 1954 en el que yo comenzaba a tomar ...