Debió ser en 1997 cuando viajé por primera vez a Estados Unidos: la tierra de algunos de mis grandes referentes visuales. Aunque no fue la única en que estuve varios meses haciendo fotos fuera de casa, sí que fue el viaje más largo. Fotografié lugares emblemáticos que ya había visto en revistas y en la obra de reputados paisajistas norteamericanos, aunque también conocí lugares nuevos, hablé con fotógrafos locales y compré un buen puñado de libros. Uno de esos libros tenía que ver con el Tao, la famosa filosofía china. La filosofía de la dualidad, del fluir, de la aceptación del cambio y que no se puede definir completamente con palabras ni a través de conceptos humanos. El libro en cuestión me ayudó a seguir en contacto con esa idea romántica que tenemos en Occidente de las filosofías orientales y a desear hacer un proyecto relacionado con el Tao, los ideogramas chinos o algunas de sus ideas. El ejemplar, subrayado y muchas veces leído, se quedó a vivir en la estantería del...
Un espacio de Valentín Sama, sobre Fotografía. Desde 2004