Quizá uno de los problemas con que nos enfrentamos a la hora de definir al autor de una fotografía (incluso eliminando el referente físico de la misma) tiene que ver con el esfuerzo, con la parte física que siempre se asoció al hecho de realizar una foto. Y no me refiero al esfuerzo titánico que supone hacerla desde la cima de un ochomil, a bordo de un velero que circunnavega el globo terráqueo o rodeado de hielo camino del Polo Norte mientras se arrastra un trineo de cincuenta kilos de peso. Hace mucho, pero mucho, que el esfuerzo que supone realizar una fotografía ya no es mérito suficiente para valorarla sobre cualquier otra consideración. Y, sin embargo, hasta ahora a la persona que reclamaba ser autora de una fotografía se le presuponía un esfuerzo, una mirada sobre el entorno, un desplazamiento, una cierta actividad física fruto del manejo del equipo, la búsqueda de un motivo, el hecho de moverse en un espacio determinado, la realización de una, pocas o muchas instantáneas. Se tr...
Un espacio de Valentín Sama, sobre Fotografía. Desde 2004