Ir al contenido principal

Fotografiando sin parar: Proceso Creativo y Vida (IX)

Debió ser en 1997 cuando viajé por primera vez a Estados Unidos: la tierra de algunos de mis grandes referentes visuales. Aunque no fue la única en que estuve varios meses haciendo fotos fuera de casa, sí que fue el viaje más largo. Fotografié lugares emblemáticos que ya había visto en revistas y en la obra de reputados paisajistas norteamericanos, aunque también conocí lugares nuevos, hablé con fotógrafos locales y compré un buen puñado de libros. 

Uno de esos libros tenía que ver con el Tao, la famosa filosofía china. La filosofía de la dualidad, del fluir, de la aceptación del cambio y que no se puede definir completamente con palabras ni a través de conceptos humanos. El libro en cuestión me ayudó a seguir en contacto con esa idea romántica que tenemos en Occidente de las filosofías orientales y a desear hacer un proyecto relacionado con el Tao, los ideogramas chinos o algunas de sus ideas. 

El ejemplar, subrayado y muchas veces leído, se quedó a vivir en la estantería del salón de casa. Y cada vez que lo releía pensaba lo mismo: «Tengo que hacer algo con este libro.» Así pasaron los meses, los años y los lustros hasta que me fui acercando a la tercera edad, mi barba se tiñó de blanco y ese objeto se convirtió en un recuerdo entrañable de una determinada etapa de mi vida.

© Fernando Puche

Ahora ya soy bastante más mayor y por fortuna sigo haciendo paisajes, preferiblemente en color. A veces con más carga conceptual, por momentos con menos, a menudo con ninguna. A estas alturas da un poco igual: hago lo que me apetece sin rendir cuentas a nadie. Esta es ahora mi filosofía, que no sé si se parece en algo al Tao, pero que es la que me ha traído la vida. Busca las fotos que te gustan y ten una experiencia positiva del proceso. Listo. 

Y en estas que mi amigo Valentín Sama me regala una caja, otra más, de Fujifilm Neopan Acros (conservada junto a una bolsa de guisantes congelados). Y después de agradecer el presente con reverencia virtual incluida, vuelvo a una de mis preguntas recurrentes: ¿qué hago ahora con esto? Para mí, esta cuestión tiene tanto protagonismo en mi vida como la de ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? o ¿a dónde vamos? Y es un interrogante que tiene mucho que ver con eso que parece ser dijo una vez David Bowie, y es que mientras crea, el artista debe sentirse como si flotara en una piscina donde no hace pie. Al final, que en todo proceso creativo nos acompañan la incertidumbre, los vacíos, las dudas, los retrocesos, las pruebas o el misterio. 

© Fernando Puche

Pero regresemos a ese momento en que introduzco en mi congelador esa caja de placas de blanco y negro y me pregunto: ¿qué hago con esto? Y el caso es que no sucedió nada; bueno, que sentí el frío de la temperatura bajo cero en mis manos y cerré la puerta del frigorífico. Sin embargo, meses después se me ocurrió utilizar esa película monocroma para la serie sobre el Tao porque ese libro fue importante en una determinada época de mi vida y porque he seguido leyendo cosas sobre el Zen, la filosofía taoísta o el budismo, así como asuntos parecidos. Y es que resulta que a menudo los proyectos pendientes te acompañan donde quiera que vayas y un día, sin saber cuándo ni por qué, te asaltan por sorpresa en mitad de la noche. En mi caso no fue de madrugada, pero tampoco puedo precisar que fuera de día. Solo sé que el libro del Tao apareció en mi cabeza para ver si estaba preparado, aunque lo que a mí siempre me fascinó fueron los ideogramas chinos. Increíble que tantos años después haya cosas que sigan escondidas en nuestra mente esperando, una vez más, el momento de salir y mostrarse. 

Elegí quince palabras (no doce, ¿eh?) y escribí textos muy breves para cada una de ellas, de manera que la mitad del trabajo ya estaba hecho. Solo quedaba hacer las fotos y encontrar alguien que tradujese esas palabras a ideogramas chinos. Aquí aparece mi amigo Domingo Martín (que lleva haciendo fotos bastante más tiempo que yo) y que resulta que tiene un amigo pintor apasionado de la caligrafía china. ¿Suerte? Pues sí, mucha suerte, porque yo ya me veía yendo a la embajada china a preguntar por chinos que supiesen lo suficiente de caligrafía como para traducir mis términos a ese lenguaje escrito que es un arte. Y esto, lo supe después, no es fácil. Definitivamente, me salvó la vida. 

© Fernando Puche

Encontré una persona maravillosa que me dibujó en ideogramas chinos las palabras que necesitaba. Gasté casi toda la caja de blanco y negro en un parque natural cerca de casa a una hora escasa en coche. Fotos sencillas para una filosofía de la sencillez, la aceptación y la armonía. En poco menos de un año tenía todo listo para juntar los elementos en un libro que se llamaría Tao (El camino de la fotografía). Pero, claro, había que ponerlo todo junto y darle forma. Tenía todo menos la maqueta, así que recurrí al mismo estudio de diseño que dio forma a mi libro La tierra baldía y surgió un objeto mágico, oriental y delicado como ningún otro libro mío. 

Describirlo sería injusto porque ese objeto mágico, oriental y delicado aún no existe. Sigo esperando la llamada del estudio de diseño para que me muestren lo que han pensado a partir de un puñado de palabras, textos y fotografías. Sé que será distinto porque no he publicado dos libros iguales. Aunque, esto no asegura que sea bueno, mejor o único; solo que mi cabeza sigue generando ideas.

Fernando Puche


Por razones técnicas los eventuales comentarios no deben exceder en extensión las 500/600 palabras. Todos los comentarios están sujetos a moderación.

Ver:

Fernando Puche lleva más de cuarenta años haciendo fotos y casi veinticinco escribiendo sobre fotografía. Una cosa llevó a la otra y ambas a publicar libros. Seguramente son excusas para tener la cabeza ocupada, intentar ser mejor fotógrafo y escribir cosas que puedan interesar a los demás. Excusas para seguir experimentando la fotografía.

Web de Fernando Puche

Comentarios

Entradas populares de este blog

Leica M4-P: razones y amores

A inicios de mayo de 2016, escribía yo: ... «la reciente introducción de la Leica M-D Typ 262, la primera Leica digital de gran serie en la que la simplicidad de operación llega al extremo de haber eliminado pantalla posterior, menús y otros ajustes que no sean tiempo de obturación, abertura de diafragma, valores ISO y compensación de exposición –incluso solo graba en RAW / DNG– ha creado una atención inusitada, acompañada de comentarios de todo tipo. Me ha parecido un buen momento para hablar de la que hace tiempo es mi Leica preferida de entre las analógicas o «para película»: una M4-P. Y sí, es cierto: también en eso me salgo del «pensamiento único», porque cualquiera preferiría otro modelo, como por ejemplo una M6» . Una Leica M4-P dotada de un Voigtländer Nokton 35 mm f/1,4 Classic, en montura nativa Leica M. © Valentín Sama Nota: este es uno de los artículos anteriormente publicado en Albedo Media, y que por razones técnicas ya no está disponible en ese medio. Se recupera ahora –...

¿Nostalgia por el Kodachrome?

En el año 1935 se presentó el Kodachrome 135-36 y en el año 1936 la Kine Exakta, la primera SLR para película de 35 mm ¡Buenas añadas! © Valentín Sama (*) Todo lo que necesitas conocer acerca del Kodachrome, incluyendo algunas cosas que –quizá– te contaron mal... Actualizado a 29/12/2025 Los orígenes El escenario es una avenida de la ciudad de Nueva York, en un anochecer de 1917 . Leopold Mannes y Leopold Godowsky Jr. salen de visionar en un cine el filme «Our Navy» , y se lamentan de la pobre «reproducción de color» –si es que se le puede llamar así– que ofrece el sistema de proyección «Prisma», similar al «Kinemacolor», que se fundamenta en un dispositivo bastante burdo, de filtros aditivos rotativos frente al objetivo del proyector. La realidad es que, a la sazón no existe ninguna película en color «tripack» viable. Algo une a los dos Leopoldos además de su nombre: ambos son músicos profesionales, y acostumbran a dar recitales, de violín y piano, Godowsky y Mannes, respectivament...

¿De qué hablamos cuando hablamos de «grano fino»?: Algo Revelador

En este artículo abordo, de forma simplificada, el revelado de las películas fotográficas negativas en blanco y negro; no en lo que se refiere al proceso en sí –a su rutina– sino tratando de buscar, de entender, las razones por las que, a partir de una misma referencia de película –marca y tipo– se pueden conseguir muy diferentes resultados estéticos, sobre todo en lo que se refiere a la granularidad, o grano aparente, visible...    Tanques y espirales en acero inoxidable. Raros de encontrar, menos amigables para cargar, pero los mejores desde todos los puntos de vista de dinámica de fluidos, térmicos (baño en cubeta), mínimo gasto de volumen de productos de procesado, limpieza... mis preferidos © Valentín Sama Todo un mundo bastante «atmosférico» que justificaría de sobra el revelado personalizado por parte del fotógrafo. Algo que es único y consustancial a la película fotográfica en blanco y negro. Advertencia: este artículo está cargado de mi opinión personal en base a mi e...