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Veganismo, Animalismo y Fotografía

Los materiales fotosensibles basados en la química de la plata representan un maravilloso ejemplo del equilibrio entre el orden y la tensión, una sinergia entre lo orgánico y lo inorgánico, que nos llevará a lo que es la base, como hemos visto a través de contenidos anteriores (1), tanto de materiales fotosensibles en blanco y negro, como en color.

Para explicarlo bien nada mejor que la muy solicitada obra llamada coloquialmente «El Glafkides», el tratado «Química Fotográfica», de Pierre Glafkides, y sus nada menos que 608 páginas. (Glfkds)

En esa obra –si es que tenemos la suerte de disponer de un ejemplar– (2) en la página 15 podemos encontrar: «La materia fotosensible de una placa fotográfica, es una mezcla heterogénea formada por una dispersión de cristales muy finos de bromuro de plata (AgBr) en gelatina, es decir el gelatinobromuro de plata que constituye la emulsión fotográfica.»

Gelatina (*) © Valentín Sama

Sí, en efecto, han leído bien Uds: gelatina. Un material sobre el que Pierre Glafkides se extiende a lo largo de decenas de densas páginas en distintos apartados de su obra.

Y existen unos pocos puntos clave acerca de esa gelatina utilizada en los materiales para la fotografía:

  • La gelatina es de origen animal.

  • La gelatina se obtiene por hidratación del colágeno presente en pieles, cartílagos y huesos –por ese orden de preferencia– de, por lo general, grandes animales.
  • No se ha podido encontrar un sustituto sintético –que realmente funcione– tras decenas de años de investigación (en países tales como USA, Alemania, Japón, y Rusia entre otros) y tras decenas de millones de dólares empleados en ello.

  • La gelatina –un polipéptido– se presenta como una mezcla de varias gelatinas de grados de polimerización diferentes (peso molecular medio de 35.000) y no obedece a una fórmula exacta que pueda conocerse, ya que incluye productos de degradación y «sustancias extrañas» (Glfks), que dependen de factores tan particulares como raza del animal, pastos consumidos, zona de la piel o huesos, de la que se extrae la gelatina, etc. Esas sustancias actuarían en algunos casos como una suerte de catalizadores. Ello hace muy difícil obtener gelatina realmente homogénea en calidad, y ello tras los al menos 10 pasos principales del tratamiento muy prolijo que exige su elaboración.

  • Son trece los aminoácidos principales que se han encontrado por hidrólisis de la gelatina, aminoácidos que van en proporciones de un 25% para la Glicocola, a un 0,4% para la Serina.

El funcionamiento de una emulsión fotográfica es muy complejo, pero se fundamenta en algo muy fascinante: ¡la tensión creada por la imperfección!

De forma extremadamente simplificada, podemos decir:

Al añadir nitrato de plata a una solución saturada de bromuro potásico (dopado con un poco de ioduro potásico), se precipitan cristales microscópicos de bromuro de plata o AgBr. Ese conjunto, se somete a una maduración en presencia de amoníaco, lo que propicia el crecimiento de los cristales, con el consiguiente incremento en su sensibilidad a la luz.

El AgBr cristaliza en el sistema cúbico, el más simple de los sistemas cristalinos, al igual que todos los haluros de metales alcalinos.

Representación 3D de un cristal perfecto de AgBr. Rojo: bromuro. Azul: plata. Creative Commons

Sigue un prolijo proceso de lavados y de refusionado a temperaturas críticas –una maduración– tras lo que aparecen –en los cristales– lo que llamamos «gérmenes sensibles».

La gelatina, tiene entre sus funciones recubrir por adsorción esos cristales, y es precisamente en la interfaz gelatina/cristal, donde se ubican los gérmenes de sensibilidad antes mencionados, además de iones bromo, derivados de la saturación de bromuro potásico antes citada.

Pero, según mi opinión, aquí viene lo más fascinante: un cristal absolutamente perfecto, tal como el de la ilustración... ¡no funcionaría!

Para que la reacción fotoquímica llegue a término, los cristales tienen que estar «dañados», ser imperfectos, algo que demostró Herbert A. Pohl: «la luz no puede actuar sobre un cristal perfecto».

Y entra en acción nuestra tan orgánica gelatina: por la citada adsorción, la gelatina –una vez seca– ejerce fuertes tensiones mecánicas sobre los cristales. Esa tensión mantiene en constante desequilibrio a los cristales de AgBr, tendiendo a «capar» esos vértices del sistema cúbico. La tensión es tanto mayor cuanto mayor es el tamaño de cada cristal.

A esa tensión mecánica inducida por la gelatina se suman tensiones internas de la estructura cristalina, generadas durante el proceso, que producirían interpenetración de esbozos de maclas y por ende, imperfectas.
A esos defectos en la estructura cristalina se les asigna el muy sugerente nombre de «cepos». 

Me parece de una notable belleza que la generación de una imagen fotográfica latente exista, sea posible, ¡sólo en un mundo imperfecto!

Pero aún hay más: entre los componentes «extraños» antes citados, presentes en la gelatina, algunos de ellos influyen en la mayor o menor creación de los también citados gérmenes de sensibilidad formados por átomos de plata libre, sulfuros de plata (Ag2S) y productos desconocidos. (Gfkds)

Puesto que lo que más nos ocupa hoy es la gelatina, no podemos extendernos a fondo en la formación de la imagen latente, de extremada complejidad, pero sí que podemos citar lo fundamental: «un asunto de energías», tal como insistiría mi querido profesor Burbano.

Un cuanto de energía luminosa, o fotón (h√) incide sobre el cristal de bromuro de plata y el incremento de energía –en un sistema ya en desequilibrio, tensionado– hace que el bromuro expulse su electrón suplementario, que es atrapado por la gelatina, evitando que se recombine.

Cristales, imperfectos, sumergidos en un «mar» de gelatina. Dominio público.

«Y hasta ahí puedo leer»... pues me saldría del tema principal. Resumiendo mucho, mucho, el incremento de energía en el sistema, producido por la energía luminosa, desencadena –en ese edificio inestable– una serie saltos de niveles de los electrones –de más altos a más bajos– que redunda en la generación de la imagen latente.

Cuanto más imperfecto –y grande– es el cristal, mayor es la sensibilidad.  La eficiencia cuántica, sería –por cierto– de 0,92 a 0,96; según Pierre Glafkides.

Y todo esa alquimia fotoquímica, sólo funciona –sí– con la gelatina de origen animal.

El perro desfallecido, muerto, y abandonado. © Valentín Sama

Veganismo, alternativas y contexto.

No soy experto en, ni practico, el veganismo, y por lo tanto no estoy al corriente de todos los grados y niveles de ese planteamiento personal.
Pero para una persona que practique la fotografía y no desee utilizar gelatina de origen animal, la opción más clara y sencilla, en primera instancia sería utilizar los sistemas de fotografía digital. Así, en principio... ¡pero, espera!

Pero, ¡ay!, el mundo está lleno de trampas, de «cepos»:
  • Si positivas, copias o amplías esas imágenes en papel fotoquímico en color (RA4) (4)... resulta que ese soporte sigue las mismas pautas más arriba citadas, y por tanto, incorpora también gelatina animal.
  • Si positivas, esto es, imprimes sobre papel «inket»... ¡pues mala suerte, pues muchos papeles o soportes también incorporarían esa clase de gelatina en sus capas! (3).
  • Si el fabricante del papel lo certifica como «como libre de gelatina animal», debes saber que algunas tintas no lo están... ya que pueden y suelen incorporarla, así como especialmente restos óseos tratados, en el pigmento negro. (4) 
  • En suma: no podrías exhibir con total libertad tus imágenes más allá de una pantalla o procedimientos de impresión ya muy especiales, ya que los papeles para impresión «offset» también pueden llevar compuestos de origen animal.

Pongamos en contexto

Salvo que seas una persona vegana radical, y quizá aunque lo seas, es posible que desees poner algunos filtros... aunque sólo sea por asuntos de «conveniencia»:
  • La gelatina animal se extrae de animales muertos, animales a los que se acabó su ciclo de vida o que fueron sacrificados para otros fines (alimentación, médicos, etc.)
  • Ello hace que «nuestra gelatina» sea un producto de aprovechamiento, que de otra forma se perdería. Simplemente, se descartaría.
  • Por tanto, no se sacrifica ningún animal para extraer gelatina para aplicaciones fotográficas.
  • Y ello es –entre otros motivos– por uno muy concreto: para la producción de película se emplean de 3 a 9 gramos de gelatina por m2. Ello supone que con esa cantidad de «donación» por parte de un animal muerto, se podrían producir aproximadamente 16 rollos de película. En suma: de los huesos de un pobre caballo muerto, saldrían decenas de miles de rollos de película.
  • Se puede destacar que en lo que respecta a la gelatina animal, además de ser un producto biodegradable, se sigue un proceso muy natural para su obtención, sin otro solvente que el agua.
  • Puedes «encontrar» gelatina animal –sin saberlo– en numerosos productos de consumo diario: alimentación, cosméticos. industria, etc. 
¿No sería un bello homenaje a un animal muerto, usar una parte de sus subproductos –que de otra forma se perderían– en hacer fotografías?

Eso sí, si tu veganismo es radical... lo tienes éticamente complicado.

Días después, cubierto con caolín por un alma caritativa.© Valentín Sama


Por razones técnicas los eventuales comentarios no deben exceder en extensión las 500/600 palabras. Todos los comentarios están sujetos a moderación.

(2) Agradezco disponer del mío a la gentileza de Lourdes Carcedo, excelente fotógrafa y profesora (EFTI). Edición española por Ediciones Omega, S.A., 1953
(3) Hahnemühle certifica todos sus papeles como «veganos».
(4) Los fabricantes de tintas no desvelan sus fórmulas, pero lo que es seguro es que no las califican –ni pueden– de «veganas».
(5) «Si Virginia»: uno de los mejores y más populares papeles en color hoy en día, como es el Fujicolor Crystal Archive Type CA no se libra de incorporar gelatina animal.
(*) Nuestras abuelas, se referían, esta clase de gelatina en láminas, para repostería, como «cola de pescado», debido a su particular estética. Fotografía de inicio: lámina de «cola de pescado» portada por una antigüedad en forma de piara de bronce policromado.

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