He hablado aquí de libros, regalos e influencias. El proceso creativo se nutre de múltiples cosas que llegan hasta nosotros: conversaciones, textos, fotografías, canciones, pinturas, películas, series… La lista puede ser interminable. Todo lo que queda atrapado en nuestra memoria es material susceptible de servir como semilla, catalizador o abono. O todo junto, claro que sí.
También el congelador de tu casa, por supuesto. Especialmente si lo tienes repleto de cajas con película fotográfica. Y es que cada vez que lo abres piensas: ¿qué hago yo con esto? Os suena la pregunta, ¿verdad? Y la intentas responder como puedes a partir de tus referentes y tus obsesiones. Los míos los conocéis: el paisaje, la abstracción, el color, la Naturaleza, los tiempos de exposición prolongados, antiguamente la luz y más antiguamente los espacios espectaculares. Seguro que me olvido algo, pero ahí están muchas de mis semillas, mucho de mi abono.
La obsesión por las exposiciones largas volvió a mi cabeza hace relativamente poco, apenas unos meses. Así le voy dando salida a las cajas de placas que aún tengo congeladas y empiezo a utilizar chasis dobles (como los que usaban los fotógrafos de gran formato del siglo pasado). Y de paso aprovecho que todavía tengo una cámara estenopeica prestada que utilicé para una de mis últimas series. La idea me seduce porque no se me ocurre otra y es una deuda pendiente que tengo conmigo mismo. ¿Quién dijo que hay que estar haciendo cosas nuevas todo el rato? Yo desde luego no.
Saco la cámara, la examino, está bien. Busco los filtros de densidad neutra que utilizaba hace mucho para hacer paisajes. No encuentro los que quiero y para no gastar dinero me quedo con los degradados que también usaba hace años. Están rayados, rotos, sucios, Da igual, es para hacer fotos sin foco, sin mucha definición, sin virguerías. Junto unos cuantos y miro con el fotómetro cuántos puntos de luz tengo que restar. Me sirve. Pero antes quiero buscar un título, un texto, una justificación teórica. En una librería veo un libro sobre la ilusión del tiempo (de Alberto Casas, Penguin Random House, 2025); me quedo loco. Lo compro sin dudarlo. Habla de física cuántica, pero también de la subjetividad del tiempo, de nuestra obsesión por medirlo, de las fórmulas que hemos inventado para controlarlo, que hay cosas que solo existen en nuestra cabeza. Muchos conceptos no los entiendo, aunque me sirve para armar un breve texto sobre la subjetividad de eso que llamamos tiempo y vincularlo a la fotografía. Me encanta hacer estas cosas. El libro también habla de la dificultad para definir el tiempo, de cómo varía en función del observador, las circunstancias, el contexto o la actividad que estemos realizando. Ya lo tengo.
Este artículo no tiene fotos porque aún no he logrado hacer ni una. El otro día probé y las cuatro placas me salieron oscuras. Alguna negra como el carbón. Mal por mí que no supe aplicar bien la ley de reciprocidad, y bien porque necesito darles todavía más tiempo: casi una hora. Mejor así. De momento tengo una idea, un título, un texto y ninguna imagen. No pasa nada, el proceso creativo es como la vida: sinuoso, cambiante, frágil, ilógico, absurdo. A veces haces las fotos y buscas un título, en ocasiones escribes y eso te aporta una idea para fotografiar, a menudo vas creando ambas cosas al mismo tiempo, alguna vez logras una y nunca consigues la otra. En el fondo, ¿qué más da? El caso es crear, imaginar, generar ideas, tener la cabeza ocupada. ¡Eh!, y hacer otras cosas, no todo va a ser fotografiar.
Sé que haré las fotos, pero no sé el tiempo que me llevará. Tampoco los lugares exactos donde iré para completar la serie. Iremos viendo. El título me encanta (prefiero no desvelarlo) y el texto quizá lo cambie. De momento no voy a tocar nada y a centrarme en hacer las fotos. No tengo prisa, no hay fecha límite, nadie a quien contentar ni presiones que sentir. Solo mis propias expectativas y mis ganas de sacarlo adelante. Cuando consiga una fotografía que me llene, entonces ya será todo más sencillo, pues solo me quedará encontrar los tiempos de exposición «precisos» para cada momento y lugar.
Esta es una de las cosas que más me apasiona de la fotografía: encontrar imágenes que me seduzcan. Que me confirmen que merece la pena salir «ahí fuera» y mirar como si mi vida dependiese de ello. En fin, lo que llevo haciendo toda la vida. Acertando y fallando, mirando y decidiendo, buscando y logrando, pensando y sintiendo.
Soy consciente de que la IA me puede proporcionar las imágenes en apenas un rato. Lo que no va a darme es la experiencia de poder sentir el mundo antes de fotografiarlo.
Fernando Puche
Comentarios