Había que volver a salir del paisaje clásico. No era obligatorio, qué va, pero si te descuidas te quedas encerrado toda tu vida entre cuatro patrones (o en menos): motivo, luz, composición y discurso. Hay más, claro, pero esto no va de categorías.
Los paisajes de La Tierra Baldía me encantaban (qué voy a decir de mi obra, ¿no?) y, sin embargo, sabía que estaba utilizando las herramientas de antaño. Podría decirse que estaba mirando con ojos del pasado: texturas, profundidad de campo, colores y estética clásica. Hay épocas en que nos pasamos años entrando y saliendo de los mismos agujeros. Se llama repetición, y sin ello tampoco existiría el arte. Rutinas, modelos y patrones. A ver quién es el listo que crea algo sin basarse en ellos.
Las exposiciones múltiples me habían introducido en la abstracción, pero sobre todo en una idea muy poderosa: la de que se pueden fotografiar cosas que no existen. Los movimientos de cámara, las rotaciones del chasis, las trepidaciones y demás triquiñuelas me habían enseñado que, gracias a la cámara, había un mundo infinito ahí fuera que no podía ver con mis ojos, pero que podía intentar imaginar para luego capturarlo. Y así surgió la semilla y el título de mi siguiente proyecto: Paisajes imaginarios.
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| © Fernando Puche |
Algunas fotos descartadas del bosque multiplicado o del océano que soñaba me pusieron en la pista de algunos patrones que podía utilizar para crear paisajes ficticios sin necesidad de añadir nada a la imagen final. Lo más interesante de estos proyectos no son las fotografías (que también), sino el proceso mental que precede a la toma. Que, por otra parte, a mí siempre me ha parecido lo más relevante de hacer fotos: qué ocurre en nuestra cabeza antes de decidir capturar algo. Y por antes me refiero al momento previo, la semana anterior, el mes pasado o dos años antes. Incluso dando el biberón a tu hija hay veces que tu cabeza está en otro sitio. Seguro que os suena.
Muchas de mis fotografías de paisaje proceden de imágenes ajenas y de lugares que conozco a través de las obras de otras personas. De manera que en muchos casos alcanzo sitios que «ya conozco» porque previamente he visto fotos de ellos. Y cuando por fin llego allí, solo tengo que buscar en mi cabeza esos patrones o modelos que ya he interiorizado. Simplificando mucho, podría decir (y que nadie se enfade, por favor) que hay lugares de otoño, sitios de niebla, enclaves de invierno, espacios de texturas, localizaciones para paisajes grandiosos, sitios de primavera… Perdón por lo simple de la idea, pero cuando llevas tantos años saliendo al campo con una cámara entiendes estas cosas, y aprendes a dejarte llevar, a huir, a mezclar, a adaptarte…
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| © Fernando Puche |
Así que esta vez se trataba de invertir el proceso. No tanto de hacer una composición en un lugar específico, sino de imaginar algo que no tenía relación con ningún lugar determinado. Imaginar algo que no necesitase un espacio físico concreto, sino más bien una atmósfera, un par de elementos, una temperatura bajo cero, unas piedras, un poco de niebla, unas pocas líneas. De esta forma, una vez imaginada en mi cabeza, buscaba el lugar donde «crear» la idea.
Así explicado parece sencillo, pero si quieres hacer una doble exposición de unas estalactitas de hielo necesitas una serie de elementos (tamaño, distancia, luz) que no me resultaron fáciles de aunar. Lo mismo para el sol atravesando la niebla o para las nubes rojizas sobre un mar en movimiento. También he de reconocer que varias de estas ideas procedían de alguna serie abandonada tiempo atrás. Ya veis que soy un firme defensor del reciclaje. Es más: soy un fanático del reciclaje.
La serie llevó su tiempo, pero es que la fui haciendo entre medias de otros proyectos. Sin prisa. Si tardaba un par de años, bien, y si tardaba cuatro, pues también. Yo calculo que fueron casi seis años, pero mientras tanto publiqué un par de libros, completé alguna serie anterior y dejé la semilla puesta para proyectos futuros.
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| © Fernando Puche |
Lo que más me gustó de esta experiencia fue sacar los lugares de las imágenes y que prevaleciera el proceso mental previo, la tormenta de ideas, la construcción de un paisaje virtual, la combinación de posibilidades en mi cabeza. Y por supuesto el trabajo de lograr encontrarlos en el mundo real. También es verdad que por esa época casi nadie te exponía paisajes hermosos de luces bellas y colores saturados. Pero bueno, ahí lo dejo.
Fernando Puche



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