Después de publicar mi libro Barayo dejé de hacer blanco y negro durante unos años. Ya no tenía película en el formato que había estado utilizando hasta ese momento y, lo más importante, no me venían a la cabeza proyectos nuevos para hacer en «escala de grises». Lo entendí como un paréntesis en mi carrera fotográfica y seguí con el color como si no hubiese pasado nada.
En estas que, gracias a una fotógrafa que conozco de hace muchos años, me llaman para completar el jurado de un premio de fotografía. Allá voy para juntarme con otras cuatro personas (alguna Premio Nacional de Fotografía) y decidir qué series merecen el premio y cuáles no. Y como terminas contactando con gente que no conoces, durante el tiempo que estamos juntos hablo largo y tendido sobre fotografía analógica y cámaras de gran formato con el miembro más veterano del jurado (un histórico de los concursos de fotografía de este país). Otorgamos los premios por rigurosa votación pública, nos agasajan con una paella y esa misma tarde regresamos a nuestras casas.
![]() |
| © Fernando Puche |
Al cabo de unas pocas semanas recibo en mi casa una caja de parte de ese miembro veterano y experimentado fotógrafo. Me regala varios estenopos, un par de obturadores listos para montar, una cámara analógica tuneada (con una mirilla de puerta pegada encima) y una cámara estenopeica. Alucino en colores, le doy mil gracias por la generosidad y guardo todo en espera de que surja la inspiración.
En general, cada idea o proyecto requiere de unas herramientas específicas, de unos tiempos propios y unas dinámicas particulares (lugares, sujetos, luces…). La cámara estenopéica que me habían regalado (para chasis de diez por doce) requería un proceso de reflexión, como cualquier proyecto serio que abordamos. No se trataba de sacarla al campo sin más. Para mí era un objeto precioso fruto del altruismo de otro fotógrafo, y necesitaba encontrarle un significado dentro de mi carrera.
![]() |
| © Fernando Puche |
Después de un par de años dejando que la cámara reposase (y estuviera preparada para lo que se le venía encima), decidí utilizarla para crear una nueva serie sobre el mar, concretamente sobre el Cantábrico (que es donde más he fotografiado) y la llamaría «Norte». Viniendo del bosque multiplicado y de zonas como Pirineos, entre otros lugares, me apetecía unas imágenes más expansivas y con otras luces.
Elegí una serie de sitios en la costa a lo largo de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco, y durante meses fui haciendo pequeñas escapadas (lo que me dejaba el trabajo, la familia y otras obligaciones varias) hasta decidir que la serie estaba completa.
No siempre decido terminar un proyecto porque haya hecho las fotos necesarias o imprescindibles (como en Barayo), sino que a veces se alarga demasiado y te impacientas, o aparecen nuevas ideas y te urge quitártelo de la cabeza, o te cansas de conducir, o de hacer fotos parecidas, o de pagar el revelado de las placas. Sea como sea, las causas que determinan el fin de un proyecto pueden ser variadas, ajenas y a menudo impredecibles. La vida misma, que es la que manda.
![]() |
| © Fernando Puche |
Cuando, por razones que ahora no recuerdo, decidí dejar de fotografiar la costa cántabra con la cámara estenopeica, elegí doce fotografías y las llevé a escanear. En ese momento mi cabeza se liberó del proyecto y llenó su hueco con otras ideas. Con la serie Norte me alejé de las luces que protagonizaron muchos de mis primeros paisajes, obtuve una estética completamente distinta a mis proyectos previos, trabajé con exposiciones más largas y aprendí a trabajar con una cámara con la que no puedes encuadrar lo que estás fotografiando.
La experiencia fue maravillosa y en uno de los talleres que impartí regalé el artilugio a un participante que trabajaba también con cámaras estenopeicas, y que sabía mucho más que yo de ellas (lo cual era fácil porque yo no sabía apenas nada). La cámara ha seguido rodando y cambiando de dueño, y yo feliz de que continúe siendo útil. Años después volvería a usar este tipo de cámaras, pero vayamos por partes y en orden.
Fernando Puche


Comentarios