¿Qué haces cuando te quedas sin ideas? Tiras de las antiguas o las coges prestadas. Bueno, puedes dejar de hacer fotos y no pasa nada, aunque puede suceder que te alcance una cierta sensación de fracaso, inutilidad o desánimo. A mí también me ocurren esas cosas: ves a los demás hacer fotos fantásticas y tú dándole vueltas a la cabeza sin que se encienda una maldita luz. Unos tanto y otros tan poco. Es que no hay derecho, maldita sea.
Las exposiciones múltiples me dejaron seco. Así, como suena. Como al borde de un precipicio, al filo de un vacío. Era sencillo volver a los paisajes hermosos de los años noventa, y también un poco trágico. Cada uno lo vive como puede o como sabe, y a mí eso me parecía un pequeño paso atrás. Así que, introduciendo algún pequeño cambio en los patrones de siempre (así funciona muchas veces la creatividad), decidí crear una serie nueva a base de dípticos, que era una forma de fotografiar y de presentar las obras que conocía por otros autores, pero que nunca había practicado. Así retomaba una estética que conocía y la ponía al servicio de un «artefacto visual» (cómo suena esto, ¿eh?) con algo de novedad dentro de mi producción y un poco (muy poco, la verdad) de sustrato conceptual.
El caso es que seleccioné una docena de enclaves que conocía bien y me autoimpuse la tarea de fotografiarlos como lo hubiese hecho quince años atrás y al mismo tiempo (mismo día y mismo lugar) retratarlos tal y como lo haría en ese momento de mi vida. La idea era enfrentar en dípticos dos visiones muy distintas de un mismo lugar fotografiado al mismo tiempo y con el mismo equipo. Ofrecer una serie «conceptual» (las comillas las pongo porque yo seguía buscando la belleza en mis imágenes) de las posibilidades casi infinitas de fotografiar un mismo escenario: todas las que iban desde una visión más clásica y formal hasta una visión más abstracta y moderna.
![]() |
| © Fernando Puche |
Así pues, con esto en la cabeza fui visitando durante unos pocos años algunos de los lugares que más me gustaban de la geografía peninsular y que ya conocía por haberlos fotografiado anteriormente. Me plantaba allí y pensaba «¿Cómo lo habría retratado quince años atrás?» (o diez, o veinte) y «¿Cómo fotografiarlo ahora para realizar una imagen totalmente distinta?». Y tirando de memoria (mis primeros diez años capturando paisajes) y de «nueva» sabiduría (exposiciones múltiples, movimientos de cámara y exposiciones prolongadas) crear un contraste evidente entre antiguos y nuevos patrones utilizando los mismos elementos.
El resultado me agradó. Tenía una nueva serie en forma de doce dípticos que contraponían elementos muy reconocibles (ríos, árboles, hojas, reflejos, rocas…) con escenas abstractas que podían haber sido fotografiadas en cualquier otro espacio. Una oposición estilística para expresar (y apreciar) la diferencia entre fotografiar un lugar y fotografiar una idea. En ocasiones esta diferencia no existe, en otras es abismal. Hay que señalar que algunos de estos conceptos o razones te vienen a posteriori, una vez el trabajo está empezado o ya directamente terminado. Y no pasa nada cuando ocurre así. A veces las ideas preceden a las imágenes; en ocasiones es al contrario y a menudo se mezclan ambos procesos, el de captación y el de conceptualización, en el tiempo y en la cabeza.
![]() |
| © Fernando Puche |
Elegí un título para la serie (Diálogos con la estética) y fui seleccionando las mejores imágenes de ambos mundos para enfrentarlas en un proyecto que me permitió seguir haciendo fotos y no sentirme un ser vacío y sin ideas. También me permitió trabajar con dípticos y recuperar la confianza de que podía seguir fotografiando atractivos enclaves para que pareciesen hermosos paisajes. Volví a madrugar, volví a utilizar los filtros degradados neutros (olvidados en alguna mochila vieja), volví a consultar las tablas de mareas para fotografiar la playa en bajamar y volví a disfrutar de algunas experiencias maravillosas con que nos regala la madre naturaleza cuando la miras con ojos de enamorado.
Me resultó más sencillo hacer las fotos más clásicas porque se trataba de sacar la mejor cara de cada lugar (y eso lo había practicado mucho). Es verdad que en alguna ocasión me vi sin ideas claras sobre cómo fotografiar algo de una manera «nueva» y volví a recurrir a mis queridas exposiciones múltiples. Así que, después de visitar doce lugares, di el experimento por terminado antes de repetirme como una cacatúa de espectáculo circense. Me había pasado unos pocos años haciendo fotos de paisaje (lo que más me gusta de la fotografía), había comenzado el proyecto de mi próximo libro, había desempolvado viejas tradiciones olvidadas, podía decir que ya había trabajado con dípticos y tenía un porfolio nuevo.
![]() |
| © Fernando Puche |
Curiosamente o no, por esa época me di cuenta de que en el congelador de mi nevera solo quedaba una caja de placas en blanco y negro. Ese formato hacía años que ya no se fabricaba; así que entré en pánico. «Únicamente veinte fotos más», pensé. Pero esta es otra historia para otro artículo.
Fernando Puche



Comentarios