Ir al contenido principal

Fotografiando sin parar: Proceso Creativo y Vida (VII)

Me tiré mucho tiempo haciendo fotos sueltas. Una textura, un amanecer, una orilla helada, un tronco caído, una cascada en medio del bosque, un cúmulo de algas, una nube incandescente, un reflejo. ¡Uf!, había tantas cosas bellas que fotografiar. El mundo natural me abrumaba y me seducía. Solo había que llegar al lugar adecuado en el momento preciso. Fotografiar era una fiesta, sobre todo para la vista.

Las fotos sueltas no me generaban ningún problema (las adoraba) hasta que en alguna revisión de porfolios me preguntaron por la historia que quería contar. ¿Yo? ¿Una historia? ¿Qué historia? Son fotos, ya está, no necesitan explicación, son parte de mi vida, de mi forma de mirar y de relacionarme con el entorno. ¿Acaso no lo ves? ¿Estás ciego o qué? 

Bueno, en realidad yo no decía nada de esto; solo lo pensaba. Y cada vez que afirmaban que mis fotos eran bonitas yo asentía con rabia, porque en realidad mis fotos sueltas reflejaban eso mismo: escenas hermosas de lugares idílicos. Yo quería que los demás se enamorasen de mis fotos (tal y como yo mismo había hecho), pero apenas estaba consiguiendo que las mirasen como bellas postales de lugares paradisíacos. Y aun así he logrado enseñar, exponer y publicar, por lo que no debería quejarme. En el fondo soy un quejica; eso es lo que soy.  

© Fernando Puche

Pero esa rabia me enseño algo: que las fotos sueltas no eran muy bien acogidas. Que la gente del mundillo quería historias, series, proyectos. Preferían grupos de imágenes, explicaciones, conceptos, texto y relatos. Y yo no hacía más que ofrecerles estética, formalismo y sentimiento. La vocecita que me susurra de cuando en cuando al oído se despertó a tiempo para decirme: «Venga chaval, no pasa nada por darle algo de enjundia narrativa a tus fotos; joder, no seas viejuno, adáptate, pon algo de tu parte, te vendrá bien, ya verás, ampliará tu propio proceso creativo, no seas cerril, fluye un poco que te vas a oxidar.» O al menos yo interpreté algo parecido. 

Y mientras reflexionaba sobre las palabras que me había dedicado cariñosamente mi vocecita interior, un amigo me regaló unos filtros difusores que ni había utilizado antes ni conocía. Tampoco difuminaban mucho, aunque puestos los tres a la vez (uno encima de otro) y a pleno sol creaban un efecto interesante, muy sutil y muy pictórico. ¿Regresar a la belleza? No exactamente; regresar a un paisaje menos realista, aunque al servicio de una idea. Y tuve que «inventarme» una idea antes de decidir qué hacer con esos filtros. La idea que se me ocurrió procedía del daguerrotipo, ese proceso del siglo XIX ‒inventado por Louis Daguerre‒ que, mediante el uso de una cámara, producía imágenes de gran detalle sobre una placa de metal (Wikipedia dixit).

© Fernando Puche

Bueno, en realidad, la idea provenía del sobrenombre con el que también se conocía a los daguerrotipos: «Espejos con memoria.» Y me pareció tan magnífica esta expresión, y tan poética, que incluso pensé en titular la serie de esa misma manera. Más tarde, no recuerdo por qué, le cambié el título y lo sustituí por El espejo del mundo. Pero la semilla conceptual era la misma: el juego de espejos entre el daguerrotipo y la superficie del agua. Un motivo que he fotografiado demasiadas veces y sigo reverenciando. Reflejos de nubes incandescentes, de vegetación exuberante, de cimas nevadas, de cielos planos o paisajes naturales. Nunca me canso. 

Si el daguerrotipo era una superficie metálica donde quedaba fijada la imagen de una persona, por ejemplo, y esa perdurabilidad le otorgaba la calificación de «memoria», ¿no podría ser posible que todo lo que se reflejase en una superficie acuosa quedase atrapado en ella para siempre? ¿Incluso aunque solo podamos ver lo que se refleja en un preciso instante? Bien; es una idea ficticia, irreal y disparatada, pero era una excusa perfecta para iniciar un nuevo proyecto con tres filtros nuevos, una cámara réflex de 35 mm (mucho más ligera, no necesitaba trípode) y ponerme a buscar otra vez escenas, paisajes y estéticas que me sedujesen. 

De nuevo decidí, por pereza y cansancio, no irme lejos. Al fin y al cabo, se trataba «solo» de fotografiar agua, ya fuese en un estanque, en una laguna, en un embalse o en una charca (pero de agua no muy sucia). Daba igual el lugar, la calidad del líquido, la cantidad o la textura. Solo quería cercanía y días soleados. Más fácil, imposible. 

© Fernando Puche

Busqué en internet masas de agua (estanques, lagos, presas) cercanas a mi casa y salí en días soleados con mi cámara y los tres filtros difusores. La premisa era lograr imágenes realistas, pero con un punto de abstracción que no llegase al de las series anteriores del bosque o el océano. Un punto intermedio, una tierra de nadie, un limbo visual. Y una vez seleccionadas doce imágenes interesantes y variadas (según mi idea de lo interesante y lo variado), entonces di el proyecto por acabado, y guardé el material en sus cajas, sus archivadores y sus fundas. 

Fue barato, mucho (apenas un par de carretes), breve y sencillo. Pensar, mirar, sentir y hacer fotos, eso es todo. Tal y como nos gustaría que fuese la vida en muchas ocasiones.

Fernando Puche


Por razones técnicas los eventuales comentarios no deben exceder en extensión las 500/600 palabras. Todos los comentarios están sujetos a moderación.

Fernando Puche lleva más de cuarenta años haciendo fotos y casi veinticinco escribiendo sobre fotografía. Una cosa llevó a la otra y ambas a publicar libros. Seguramente son excusas para tener la cabeza ocupada, intentar ser mejor fotógrafo y escribir cosas que puedan interesar a los demás. Excusas para seguir experimentando la fotografía.

Web de Fernando Puche


Comentarios

Entradas populares de este blog

Leica M4-P: razones y amores

A inicios de mayo de 2016, escribía yo: ... «la reciente introducción de la Leica M-D Typ 262, la primera Leica digital de gran serie en la que la simplicidad de operación llega al extremo de haber eliminado pantalla posterior, menús y otros ajustes que no sean tiempo de obturación, abertura de diafragma, valores ISO y compensación de exposición –incluso solo graba en RAW / DNG– ha creado una atención inusitada, acompañada de comentarios de todo tipo. Me ha parecido un buen momento para hablar de la que hace tiempo es mi Leica preferida de entre las analógicas o «para película»: una M4-P. Y sí, es cierto: también en eso me salgo del «pensamiento único», porque cualquiera preferiría otro modelo, como por ejemplo una M6» . Una Leica M4-P dotada de un Voigtländer Nokton 35 mm f/1,4 Classic, en montura nativa Leica M. © Valentín Sama Nota: este es uno de los artículos anteriormente publicado en Albedo Media, y que por razones técnicas ya no está disponible en ese medio. Se recupera ahora –...

¿Nostalgia por el Kodachrome?

En el año 1935 se presentó el Kodachrome 135-36 y en el año 1936 la Kine Exakta, la primera SLR para película de 35 mm ¡Buenas añadas! © Valentín Sama (*) Todo lo que necesitas conocer acerca del Kodachrome, incluyendo algunas cosas que –quizá– te contaron mal... Actualizado a 29/12/2025 Los orígenes El escenario es una avenida de la ciudad de Nueva York, en un anochecer de 1917 . Leopold Mannes y Leopold Godowsky Jr. salen de visionar en un cine el filme «Our Navy» , y se lamentan de la pobre «reproducción de color» –si es que se le puede llamar así– que ofrece el sistema de proyección «Prisma», similar al «Kinemacolor», que se fundamenta en un dispositivo bastante burdo, de filtros aditivos rotativos frente al objetivo del proyector. La realidad es que, a la sazón no existe ninguna película en color «tripack» viable. Algo une a los dos Leopoldos además de su nombre: ambos son músicos profesionales, y acostumbran a dar recitales, de violín y piano, Godowsky y Mannes, respectivament...

¿De qué hablamos cuando hablamos de «grano fino»?: Algo Revelador

En este artículo abordo, de forma simplificada, el revelado de las películas fotográficas negativas en blanco y negro; no en lo que se refiere al proceso en sí –a su rutina– sino tratando de buscar, de entender, las razones por las que, a partir de una misma referencia de película –marca y tipo– se pueden conseguir muy diferentes resultados estéticos, sobre todo en lo que se refiere a la granularidad, o grano aparente, visible...    Tanques y espirales en acero inoxidable. Raros de encontrar, menos amigables para cargar, pero los mejores desde todos los puntos de vista de dinámica de fluidos, térmicos (baño en cubeta), mínimo gasto de volumen de productos de procesado, limpieza... mis preferidos © Valentín Sama Todo un mundo bastante «atmosférico» que justificaría de sobra el revelado personalizado por parte del fotógrafo. Algo que es único y consustancial a la película fotográfica en blanco y negro. Advertencia: este artículo está cargado de mi opinión personal en base a mi e...