Los árboles han estado presentes en mi carrera fotográfica desde el primer día. Me encanta fotografiarlos y a día de hoy siguen fascinándome. Me gustan sus formas, su presencia, sus texturas, su estética en cualquier paisaje, sus siluetas. Adoro los árboles, incluso si no tengo una cámara conmigo.
Llevaba tiempo con la idea de hacer una serie de homenaje a este elemento natural que tanto me seduce y que tantas satisfacciones me ha dado. Los árboles se merecen un tributo, pensaba, y con eso en la cabeza probé algunas cosas (detalles, texturas, contraluces…) que no funcionaron. No es que las fotos saliesen mal, es que no me decían nada, o nada lo suficientemente relevante como para formar parte de un homenaje. Les faltaba fuerza, y una foto sin fuerza te cansas enseguida de mirarla. Vamos, que pasas de ella después del primer vistazo.
Hay que tener en cuenta que por cada serie exitosa (de esas que nos convencen) fotografiamos muchas que se quedan a medias o que nunca ven la luz. No sé medir la tasa de éxito en porcentajes, pero es muy posible que haya abandonado más proyectos de los que finalmente saqué adelante. Y por sacar adelante entiendo, en mi caso, aquellos que muestro en mi web o en forma de libro. Lo demás, siendo necesario, se queda en prueba, boceto o idea. Pero necesario, ojo.
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| © Fernando Puche |
El caso es que estaba impartiendo un curso cuando un alumno se acercó para enseñarme unas pocas fotos que había hecho. A continuación comentamos sus fotos y le indiqué algunas cosas, pero me quedé prendado de una en especial que mostraba un árbol fotografiado a través de una sucesión de imágenes superpuestas montadas en un programa de edición. Como las fotos se habían hecho desde distintos puntos alrededor del árbol (pero a una distancia similar), la forma de este permanecía identificable y poseía un aire surrealista magnífico. Entonces fue cuando le dije que me explicase él a mí, para a continuación confesarle: «Creo que esta idea te la voy a robar.»
Estaba salvado. O al menos eso creí. De regreso a casa busqué árboles solitarios alrededor de mi barrio y escogí unos pocos que parecían reunir las condiciones que buscaba. A saber: sin edificios cerca, más o menos aislados y a ser posible sobre algún montículo o por encima del terreno que les rodeaba. Cuando terminé mi casting de árboles, entonces agarré mi bicicleta, metí en una riñonera el fotómetro y una vieja cámara de formato medio con carrete de color, y salí a retratar a los elegidos. Siempre a última hora para que no hubiese fuertes contrastes. Y siempre en formato cuadrado para que los árboles (tronco, ramas y hojas) llenasen el espacio de la imagen de manera equilibrada.
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| © Fernando Puche |
Fue uno de los proyectos más sencillos y hasta divertidos. Hice todas las fotos sin trípode, sujetando la cámara a mano. Como se trataba de superponer en un mismo fotograma entre nueve y doce capturas, daba igual si salía un pelín movida o un poco desenfocada. El resultado no dependía de la nitidez ni del enfoque. Hice todas las fotos yendo con mi bicicleta de un árbol a otro, moviéndome cerca de mi barrio, llegando a casa al anochecer con las piernas ya entrenadas.
Tardé un otoño y una primavera en tener lista la serie. Hice unos cuatro o cinco carretes, seleccioné doce fotos y las llevé a escanear. ¿Por qué doce? Pues porque es un número ni grande ni pequeño. Es difícil que en doce fotos te repitas demasiado y canses al espectador. Puedes probar distintas estéticas o composiciones y terminar sin saturar la vista de nadie. Es más barato que hacer y seleccionar cincuenta, y puestas las doce en tres filas de cuatro dan una proporción parecida a la placa de gran formato que utilizo. ¿Una manía? Por supuesto, como otras tantas que tengo, solo que esta es de las más benignas (terapéuticamente hablando)
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| © Fernando Puche |
«Este sí es el homenaje que quería hacer», pensé cuando vi la serie terminada. Ahora ya no estoy en deuda con los árboles, y me siento en paz conmigo mismo. También es verdad que por aquella época hacía tiempo que había abandonado los concursos y toda pretensión de que mis fotos contasen una historia. Para contar historias prefiero escribir, que es lo que estoy haciendo con estos artículos.
Fernando Puche



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