Ir al contenido principal

Fotografiando sin parar: Proceso Creativo y Vida (VIII)

Los árboles han estado presentes en mi carrera fotográfica desde el primer día. Me encanta fotografiarlos y a día de hoy siguen fascinándome. Me gustan sus formas, su presencia, sus texturas, su estética en cualquier paisaje, sus siluetas. Adoro los árboles, incluso si no tengo una cámara conmigo. 

Llevaba tiempo con la idea de hacer una serie de homenaje a este elemento natural que tanto me seduce y que tantas satisfacciones me ha dado. Los árboles se merecen un tributo, pensaba, y con eso en la cabeza probé algunas cosas (detalles, texturas, contraluces…) que no funcionaron. No es que las fotos saliesen mal, es que no me decían nada, o nada lo suficientemente relevante como para formar parte de un homenaje. Les faltaba fuerza, y una foto sin fuerza te cansas enseguida de mirarla. Vamos, que pasas de ella después del primer vistazo.

Hay que tener en cuenta que por cada serie exitosa (de esas que nos convencen) fotografiamos muchas que se quedan a medias o que nunca ven la luz. No sé medir la tasa de éxito en porcentajes, pero es muy posible que haya abandonado más proyectos de los que finalmente saqué adelante. Y por sacar adelante entiendo, en mi caso, aquellos que muestro en mi web o en forma de libro. Lo demás, siendo necesario, se queda en prueba, boceto o idea. Pero necesario, ojo.

© Fernando Puche

El caso es que estaba impartiendo un curso cuando un alumno se acercó para enseñarme unas pocas fotos que había hecho. A continuación comentamos sus fotos y le indiqué algunas cosas, pero me quedé prendado de una en especial que mostraba un árbol fotografiado a través de una sucesión de imágenes superpuestas montadas en un programa de edición. Como las fotos se habían hecho desde distintos puntos alrededor del árbol (pero a una distancia similar), la forma de este permanecía identificable y poseía un aire surrealista magnífico. Entonces fue cuando le dije que me explicase él a mí, para a continuación confesarle: «Creo que esta idea te la voy a robar.» 

Estaba salvado. O al menos eso creí. De regreso a casa busqué árboles solitarios alrededor de mi barrio y escogí unos pocos que parecían reunir las condiciones que buscaba. A saber: sin edificios cerca, más o menos aislados y a ser posible sobre algún montículo o por encima del terreno que les rodeaba. Cuando terminé mi casting de árboles, entonces agarré mi bicicleta, metí en una riñonera el fotómetro y una vieja cámara de formato medio con carrete de color, y salí a retratar a los elegidos. Siempre a última hora para que no hubiese fuertes contrastes. Y siempre en formato cuadrado para que los árboles (tronco, ramas y hojas) llenasen el espacio de la imagen de manera equilibrada.

© Fernando Puche

Fue uno de los proyectos más sencillos y hasta divertidos. Hice todas las fotos sin trípode, sujetando la cámara a mano. Como se trataba de superponer en un mismo fotograma entre nueve y doce capturas, daba igual si salía un pelín movida o un poco desenfocada. El resultado no dependía de la nitidez ni del enfoque. Hice todas las fotos yendo con mi bicicleta de un árbol a otro, moviéndome cerca de mi barrio, llegando a casa al anochecer con las piernas ya entrenadas.    

Tardé un otoño y una primavera en tener lista la serie. Hice unos cuatro o cinco carretes, seleccioné doce fotos y las llevé a escanear. ¿Por qué doce? Pues porque es un número ni grande ni pequeño. Es difícil que en doce fotos te repitas demasiado y canses al espectador. Puedes probar distintas estéticas o composiciones y terminar sin saturar la vista de nadie. Es más barato que hacer y seleccionar cincuenta, y puestas las doce en tres filas de cuatro dan una proporción parecida a la placa de gran formato que utilizo. ¿Una manía? Por supuesto, como otras tantas que tengo, solo que esta es de las más benignas (terapéuticamente hablando)

© Fernando Puche

«Este sí es el homenaje que quería hacer», pensé cuando vi la serie terminada. Ahora ya no estoy en deuda con los árboles, y me siento en paz conmigo mismo. También es verdad que por aquella época hacía tiempo que había abandonado los concursos y toda pretensión de que mis fotos contasen una historia. Para contar historias prefiero escribir, que es lo que estoy haciendo con estos artículos.

Fernando Puche     


Por razones técnicas los eventuales comentarios no deben exceder en extensión las 500/600 palabras. Todos los comentarios están sujetos a moderación.

Fernando Puche lleva más de cuarenta años haciendo fotos y casi veinticinco escribiendo sobre fotografía. Una cosa llevó a la otra y ambas a publicar libros. Seguramente son excusas para tener la cabeza ocupada, intentar ser mejor fotógrafo y escribir cosas que puedan interesar a los demás. Excusas para seguir experimentando la fotografía.

Web de Fernando Puche

Comentarios

Entradas populares de este blog

Leica M4-P: razones y amores

A inicios de mayo de 2016, escribía yo: ... «la reciente introducción de la Leica M-D Typ 262, la primera Leica digital de gran serie en la que la simplicidad de operación llega al extremo de haber eliminado pantalla posterior, menús y otros ajustes que no sean tiempo de obturación, abertura de diafragma, valores ISO y compensación de exposición –incluso solo graba en RAW / DNG– ha creado una atención inusitada, acompañada de comentarios de todo tipo. Me ha parecido un buen momento para hablar de la que hace tiempo es mi Leica preferida de entre las analógicas o «para película»: una M4-P. Y sí, es cierto: también en eso me salgo del «pensamiento único», porque cualquiera preferiría otro modelo, como por ejemplo una M6» . Una Leica M4-P dotada de un Voigtländer Nokton 35 mm f/1,4 Classic, en montura nativa Leica M. © Valentín Sama Nota: este es uno de los artículos anteriormente publicado en Albedo Media, y que por razones técnicas ya no está disponible en ese medio. Se recupera ahora –...

¿Nostalgia por el Kodachrome?

En el año 1935 se presentó el Kodachrome 135-36 y en el año 1936 la Kine Exakta, la primera SLR para película de 35 mm ¡Buenas añadas! © Valentín Sama (*) Todo lo que necesitas conocer acerca del Kodachrome, incluyendo algunas cosas que –quizá– te contaron mal... Actualizado a 29/12/2025 Los orígenes El escenario es una avenida de la ciudad de Nueva York, en un anochecer de 1917 . Leopold Mannes y Leopold Godowsky Jr. salen de visionar en un cine el filme «Our Navy» , y se lamentan de la pobre «reproducción de color» –si es que se le puede llamar así– que ofrece el sistema de proyección «Prisma», similar al «Kinemacolor», que se fundamenta en un dispositivo bastante burdo, de filtros aditivos rotativos frente al objetivo del proyector. La realidad es que, a la sazón no existe ninguna película en color «tripack» viable. Algo une a los dos Leopoldos además de su nombre: ambos son músicos profesionales, y acostumbran a dar recitales, de violín y piano, Godowsky y Mannes, respectivament...

¿De qué hablamos cuando hablamos de «grano fino»?: Algo Revelador

En este artículo abordo, de forma simplificada, el revelado de las películas fotográficas negativas en blanco y negro; no en lo que se refiere al proceso en sí –a su rutina– sino tratando de buscar, de entender, las razones por las que, a partir de una misma referencia de película –marca y tipo– se pueden conseguir muy diferentes resultados estéticos, sobre todo en lo que se refiere a la granularidad, o grano aparente, visible...    Tanques y espirales en acero inoxidable. Raros de encontrar, menos amigables para cargar, pero los mejores desde todos los puntos de vista de dinámica de fluidos, térmicos (baño en cubeta), mínimo gasto de volumen de productos de procesado, limpieza... mis preferidos © Valentín Sama Todo un mundo bastante «atmosférico» que justificaría de sobra el revelado personalizado por parte del fotógrafo. Algo que es único y consustancial a la película fotográfica en blanco y negro. Advertencia: este artículo está cargado de mi opinión personal en base a mi e...